Siempre me pasa lo mismo, cuando empiezo a dejarme vencer por la marea de gente sin fuste que me rodea, aparece ella, reaparece, mejor dicho, recordándome que está ahí. Habían pasado muchos días en los que la vida me empezaba a parecer de nuevo atractiva, intensa y merecedora de mi entusiasmo, pero de repente el demonio de los recuerdos amargos aparecía para asfixiarme y dejarme sin aliento, sin darme tregua, empalmando los malos humos del trabajo con los fracasos de la vida...

Pero justo cuando estaba a punto de tirar la tohalla recibí la carta de la que en otro tiempo fuera la "niña de mis ojos", una carta como las de antes, escrita a mano, en un sobre con sello, y junto a la carta su perfume, una foto de los dos y algo de arena de la playa. Esas pequeñas cosas hacen que no pueda olvidarla nunca, y que siga pensando que la loterçía solo toca una vez en la vida. Con ese pequeño gesto, yo ya tengo cuerda para unos cuantos meses, esas cosas suyas me hacen sonreir durante semanas.


Por eso la quiero y la querré siempre. Y si alguien cree que cosas como esa pueden dejarse pasar desapercibidas, que me explique como... o mejor, que no lo haga, porque si es posible, no quiero saberlo, me gustan las cosas así, yo loco por ella, a pesar de todo, ella lejos de mi, y un puñado de recuerdos inolvidables que pase lo que pase siempre estarán ahí para hacerme sonreir y recordarme que la vida puede ser maravillosa.

1 comentarios:

si es que con esa carta hasta yo me enamoraba... con lo que me gustan a mi las cartas a mano!! un beso!!