
Y si yo firmase como Pepita Culebras... ¿Por qué Pepita Culebras? ¿Por que firmar con un pseudónimo femenino y diminutivo? Quizás la clave sea no preguntar tanto por qué y contestarse a uno mismo cuándo, cuándo el hombre y la mujer son cosas distintas sino a la hora de hacer el amor o, como mucho, a la hora de exteriorizar sus sentimientos. Si, solo al exteriorizarlos, porque al fin y al cabo a ambos nos duelen las bofetadas y a ambos nos pinchan las agujas, aunque quizás nosotros, los machos ibéricos, y en general en todo el universo, en lugar de quejarnos gritamos, en lugar de llorar rebuznamos. La mujer es más sensible a la hora de externalizar, es más dulce a la hora de mostrar lo que lleva dentro, por eso yo soy Pepita Culebras, yo, un hombre hecho y derecho, yo, un tipo duro, barbudo en ocasiones y de brazos robustos, soy Pepita Culebras... y a mucha honra.
Realmente, qué más da ser hombre o mujer si al final todos acabaremos siendo lo mismo, polvo, un montón de huesos unidos por putrefactos pellejos a punto de desaparecer engullidos por los gusanos carnívoros. ¿Qué más da? Yo soy Pepita Culebras porque en lo literario me ha gustado siempre ser bisexual, incluso transexual, sin renegar nunca a mi masculinidad, a mi heterosexualidad, reivindicando mi hombría, mi torpe hombría por la que he perdido a quienes quería, mejor dicho, a quienes amaba. Una a una ellas entraron y salieron de mi vida, menos, una que entró y solo salio en cuerpo, dejándose su alma olvidada en mi interior, aunque pronto ese alma terminará de descomponerse, como todo se descompone en esta vida material, y en ese momento yo seré al fin libre, o eso creo.
De cualquier modo nadie nunca con un mínimo de inteligencia me negaría la posibilidad de firmar como Pepita Culebras y hablar en primera personas singular masculina, y si lo hicieran, si lo hicieran es por sus propios miedos.
Realmente, qué más da ser hombre o mujer si al final todos acabaremos siendo lo mismo, polvo, un montón de huesos unidos por putrefactos pellejos a punto de desaparecer engullidos por los gusanos carnívoros. ¿Qué más da? Yo soy Pepita Culebras porque en lo literario me ha gustado siempre ser bisexual, incluso transexual, sin renegar nunca a mi masculinidad, a mi heterosexualidad, reivindicando mi hombría, mi torpe hombría por la que he perdido a quienes quería, mejor dicho, a quienes amaba. Una a una ellas entraron y salieron de mi vida, menos, una que entró y solo salio en cuerpo, dejándose su alma olvidada en mi interior, aunque pronto ese alma terminará de descomponerse, como todo se descompone en esta vida material, y en ese momento yo seré al fin libre, o eso creo.
De cualquier modo nadie nunca con un mínimo de inteligencia me negaría la posibilidad de firmar como Pepita Culebras y hablar en primera personas singular masculina, y si lo hicieran, si lo hicieran es por sus propios miedos.


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