Hay días en los que hubiera sido mejor no levantarse de la cama, pero hay noches en los que hubiera sido mejor no acostarse. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien como lo pasé anoche, regresé a la ciudad prohibida, allí donde hacía años que no iba un sábado, pasé a los mismos garitos, muchos de ellos con otros nombres y decoraciones, pero ubicados donde yo pasé tantas horas en otra época de mi vida, escuche las mismas canciones, porque las canciones de esa época siguen sonando aun, y por un segundo creí haber visto a la misma mujer que veía entonces, pero solo era alguien que se le parecía... La conocí, hemos quedado hoy para ver un concierto, es guapa y bastante majilla, pero no es ella, no. Ella no volverá, nunca, y yo me encuentro ahora en esta situación en la que creo que todo se arreglará con mi andaluza, pero se que tampoco ella va a volver, por eso de vez en cuando, cuando pasan cosas como las de anoche, me siento vivo de nuevo. Lo mejor de todo es que aunque anoche regresé a mi juventud más tierna y divertida, habían muchas cosas distintas, mi cartera, por ejemplo, va más llena de billetes, mi moto es mayor y más potente, por las noches duermo en mi casa, no en la de mis padres, y mi trabajo me permite vivir de él, no como hace 8 años. Ahora soy una persona independiente y con posibilidades de decidir sobre mi vida, ya no soy un veinteañero perdido, ahora creo que se más o menos manejarme en este mundo, aunque no faltan días en los que me vendría muy bien una guía o un gps incluso.
Tal vez lo de anoche solo fueran sueños, solo ilusiones de un tipo que al fin y al cabo está destinado a caminar solo por la vida, a morir solo, sonriendo, pero solo. Reabrir el baúl de los recuerdos, reencontrarme con fragmentos de mi pasado, pisar la ciudad prohibida, hablar con gente con la que hacía años que no hablaba... y que sin embargo aun me recuerdan. Todo es maravilloso, pero todo un poco raro, y al fin y al cabo tiene un buen componente de amargura, porque se que todo aquello no volverá, es como ver a los mamut en un museo de ciencia natural, los ves, pero en realidad no están allí y nunca volverán.
Y aquí estoy, sentado en una vieja silla de oficina ante un ordenador con tantos años como esta historia y una línea telefónica convencional como único nexo con el universo. Sentado en medio de una tarde tan espléndida con mi moto en la puerta de la calle esperándome. Recordando todo lo que pudo haber sido y no fue, recordando momentos que creí bonitos y que ahora dudo si me gustaría volver a vivir, no porque en su momento no los disfrutara, sino porque su huella me dejó más cicatrices que sonrisas.
A pesar de todo, volvería a caer en los mismos errores, porque de otro modo no sería quien soy, tal vez habría sido alguien mejor, o tal vez más feliz, pero no quien soy ahora mismo y eso es lo que importa, que quiero seguir siendo yo, quien fui entornes, quien soy ahora.


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