¡JO, QUÉ NOCHE!

Cuando los demonios de la noche se unen en una tremenda conjura contra ti, poco se puede hacer salvo aceptar todo aquello que viene y con la cabeza alta intentar terminar las horas de oscuridad que te presta el día para ser fuerte frente al pasado e intentar disfrutar del resto de la noche.

Hubo una época en la que alguien me hizo muy feliz, duró poco, pero fue muy intenso, un amor que nunca antes había experimentado atravesó mi vida de cabo a rabo para hacerme la persona más feliz y alegre de la tierra. Todo aquello terminó, como he dicho antes, rápido y además de manera muy triste y extraña. Pero aprendí a quedarme con el recuerdo de los buenos momentos.


Hace bastante menos tiempo alguién me volvió a hacer sentir así de bien y, aunque las cosas no temrinan de estabilizarse y no creo que lleguen a hacerlo nunca, la verdad es que aun me hace sentir bien, ser feliz cuando me deja estar a su lado, sonreir en los interiores del alma cuando veo su sonrisa asomar entre esos labios de paz y calma.


Hace poco se juntaron dos circunstancias horribles, primero el presente me ignoró, luego el pasado se paseó frente a mis narices y me volvió a ignorar. Sentí lo cruel del destino, ese destino escrito, si, pero con lápiz, como decía Maya.


Me da igual, volveré a ser feliz, puede que no hoy ni mañana, pero lo seré, porque quiero serlo.