MAÑANA SERÁ OTRO DÍA, CON O SIN MÍ.

Cuando he llegado al garaje y he detenido el motor del coche, fui incapaz de salir de él, me quedé inmóvil en su interior, las luces automáticas del parking se apagaron y a oscuras permanecí aun un buen rato sentado dentro del coche, sin hacer nada, solo pensando y palpando con la yema del dedo pulgar ese trozo de cuarzo rosa que desde hace un tiempo llevo en el bolsillo, pensando que tal vez sea efectivo.
Se que siempre he sido un poco difícil de caracter, nunca se sabe muy bien si lo que me pasa me va a deprimir o a hacerme cantar, pero esta vez es distinto. Tengo una gran duda y no se como hacer para resolverla. ¿Sigo invirtiendo en esa relación que aunque difícil parece tener pinta de poder salir bien algún día? ¿O tal vez sea mejor arriesgar y apostar por lo la persona con la que de verdad me gustaría estar el resto de mi vida aun sabiendo que esa apuesta solo tiene dos opciones, salir muy bien o muy mal?
La primera es una gran mujer, guapa, divertida, al menos para mi, simpática y cariñosa. Se que me tiene mucho cariño y que todo lo que hasta ahora hemos hecho juntos ha sido bonito y rentable desde un punto de vista afectivo, pues simplemente sentirme bien con alguien es muchas veces más que suficiente en lo que a rentabilidad se refiere. Pero mi corazón realmente quiere a la segunda, la mejor, simplemente, tiene todo lo ya mencionado y además es una persona muy inteligente y con quien de verdad mi maldito corazón desea estar, quiereo estar con ella, deseo ser su mitad eterna, necesito sus sonrisas, sus ojos, sentir su corazón indomable latiendo junto al mío, disfrutar de su sonrisa, beber de su mirada azul y eterna... Y creo que debería darme igual todo eso que hay en medio de ambos y que nos impide ser uno, porque al fin y al cabo sin riesgo no hay beneficio real, sentirse querido es algo bonito, pero sentirse amado por quien amas es un clímax superior a cualquier orgasmo físico que nadie pueda sentir.
Debo mostrar mis cartas ya, ¿debo hacerlo?
Todo eso ha pasado por mi cabeza durante unos minutos incontables, a oscuras, sentado al volante de un coche sueco en medio de un solitario parking, mientras a veinte metros sobre mi la vida seguía transcurriendo si que nadie se diese cuenta de lo que sucedía bajo sus pies, porque relamente ¿a quién le importa lo que yo sienta? Cada día creo tener más claro que a nadie. Ya casi ni a mi mismo.
Y mañana será lunes y empezará una nueva semana y el mundo seguirá funcionando como si mi corazón tuviese claro lo que nunca ha terminado de decidir.