Hay cosas que es mejor no pregutnarse, existen ocasiones en las que elegir la ignorancia es la mejor opción posble. Anoche viví una de esas situaciones en las que la mejor decisión que podría haber tomado hubiera sido esa, pero no lo hice. Una de esas noches en las que Morfeo no aparece y los ojos, abiertos como platos, te impiden irte a la cama sin más. Con calor, pero ese vientecillo helado que no permite salir de casa sin al menos una fina chaquetilla, así me aguardaba la noche y, sinceramente, hubiera preferido vivir una de esas pesadillas de película con zombis y demonios antes que corroborar, por enésima vez eso si, que la brisa nocturna no iba a ser lo más frío que me esperaba esa oscura noche.
Sentirme solo me incomoda, lo admito, pero a eso ya me acostumbré hace tiempo. Sentirme abandonado, eso fue lo que relamente me hirió de muerte anoche. La soledad hace tiempo que perdió para mi su rostro amenzante, paso tanto tiempo con ella que ya ni siquiera me parece algo malo. Pero sentir como alguien tan cercano me aleja de la manera que lo hizo anoche, eso, eso si que destruyó lo poco que quedaba ya de mi espíritu adolescente y terminó de aniquilar el infantil. Ahora mismo me siento viejo. Me siento estéril, vacío, sin ilusión por casi nada. Ni si quiera se por qué pasa, por qué en ciertas ocasiones se aleja de esa manera, por qué con su impasibe rsotro nórdico y feliz me envía a diez mil kilómetros solo de una fugaz mirada.
Y cuando me ignora, eso si que no lo soporto, que se acerque al grupo, que ría, salte y hable con todas y cada una de las personas que componemos el equipo... menos conmigo. Esa actitud me hace sentir en lo más profundo de mi alma el seco despertar de un vampiro al notar la astillada estaca de madera penetrando en su corazón durante el sueño diurno.
La pregunta que me atormenta, aquella que me impide desear mi ignorancia absoluta, ya no es qué hice, porque mi consciencia se siente libre. La pregunta es ¿qué ha pasado entre los dos? Tal vez nunca lo sepa. Tal vez nunca aprenda a que no me importe. Pero entonces siempre respiraré aire mezclado con las lágrimas que mis ojos se empeñan en retener, como si llorar no fuera cosa de hombres.



2 comentarios:
No te voy a decir más de lo que te he dicho. Llora todo lo que haga falta y aquí tienes mi hombro si te sirve como pañuelo de lágrimas.
Besazos! Por cierto, el monitor quería quitarme de en medio, casi me mata, jajaajaja.
Es un sentimiento horrible, lo sé por propia experiencia...
Como dice Sandra llora todo lo que te haga falta,...
Muchisimos ánimos, y tarde o temprano pasará.
Un beso enorme Pedro
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