¡MALDITO OTOÑO OCRE!

Una vez más salgo de trabajar y compruebo que ya es de noche a las nueve, apenas hace unas semanas que a esas horas el sol brillaba casi con tanta fuerza como a las tres de la tarde. Pero el otoño lo entristece todo, y una manera de cargarse nuestra sonrisa es adelantando la noche. No suelo hacerlo, pero esta vez he venido en coche y la verdad es que no me apetece nada meterme en el para volver a casa, pero tal vez este no sea el mejor barrio para dejarlo toda la noche, así que, inexorablemente, entro en el y siento como la temperatura es aun más baja dentro que en la calle. De regreso a casa, donde se que solo me espera una cena ligera y una cama vacía, observo a través de las ventanillas a la gente, cabizbaja, dirigiéndose a sus casas, como yo, tras una jornada laboral más. En la radio suena una dulce melodía, es el "Maybe" de Darlin Smith, que con su voz melancólica me hace arquear aun más los ojos.

Recuerdo aun aquella época en la que la felicidad se medía en proporciones mayoristas, cuando al despertar me esperaba un balcón al mediterráneo, una brisa fresca en la espalda y una sonrisa inmensa en su boca, de esas que pase lo que pase, nunca logras olvidar. En aquella época apenas sentía el cambio del verano al otoño, la temperatura siempre era la misma y salvo alguna tormenta que llegaba con tanta brusquedad como se iba, apenas sentías que era invierno. El aire siempre soplaba con fuerza al atardecer y el sol brillaba con el mismo entusiasmo. Bueno, eso es lo que recuerda mi cerebro, aturdido en aquella época por la peor droga existente, el amor. Tal vez si regresase ahora las cosas no serían iguales, quizás aquella brisa en la espalda la notase hoy como un escalofrío desagradable, el fuerte viento me molestaría al echarme todos los pelos a la cara y puede que viese como el sol se apagaba igual que aquí al llegar octubre. No se, pero lo cierto es que tampoco quiero saberlo, me gusta que aquellos recuerdos sigan así.


Mi casa, como esperaba, vacía, acogedora, pero vacía. Ya no hay pantaloncitos tirados sobre el sofá, ni olor a incienso, ya no aparece esa gatita consentida que gustaba de dormir en el sofá cuando se quedaba sola llenándolo todo de pelos. Mi casa, ahora está vacía, en perfecto orden cuando llego. Solo huele a limpio, no hay pelos de gato en el sofá y la ropa aguarda a ser usada simétricamente ordenada en los cajones del armario. Todo en silencio, salvo el leve repiqueteo del reggaeton que suena en el ático de los dominicanos. Todo tranquilo.

No lo soporto, odio ese silencio solitario. Detesto esa perfección ordenada. Tal vez algún día regrese el delicado caos, quizás pronto aparezca quien guarde la ropa arrugada en los cajones, espero que pronto alguien se empeñe en meterme un animal sucio y molesto en la casa. Deseo de todo corazón que empiece otra dulce época en la que la llegada del otoño no sea tan brusca y deje de sentir la agresión de esta estación llena de colores ocres y piedras heladas.

1 comentarios:

Pues a mí es la época del año que más me gusta. El verano es demasiado caluroso, el invierno demasiado frío y, la primavera... demasiado colorista. Me gusta el otoño porque se vuelve de un color marrón y mostaza que me encanta. Empiezo a sacar las camisetas de manga larga, mi cazadora de imitación de cuero marrón, mis botas de piel marrones...

Sí, soy una romántica del otoño. El olor de la tierra mojada cuando llueve, las hojas de los árboles por todas partes en el suelo.

Crees que es triste? A mí no me lo parece. No quiero vivir en los recuerdos, por eso me adapto al presente. Vale... hablo sin saber, no sufro de esa soledad de la que tú sí, pero hay muchas otras cosas que tú tienes y yo no. Piénsalo.

Un besazo enorme.