RECONOCIMIENTO DE UNA OBVIEDAD


Durante mucho tiempo llevo desempeñando el mismo trabajo, y aunque mis “jefes” siempre se han deshecho en halagos hacia mi trabajo, la verdad es que el reconocimiento es solo un palmadita en la espalda, un vulgar mentira de tantas, porque mis “jefes” son políticos, esa raza acostumbrada a mentir, sean del lado que sean. Y digo esto porque el verdadero reconocimiento no llega, me mantienen en una categoría profesional que a efectos legales ni siquiera existe, desempeño una labor propia de dos categorías por encima a la que pertenezco, sin hablar por supuesto de que en realidad estoy contratado con un puesto cuyo nombre no se corresponde con ninguna categoría real en mi trabajo. Y si hablamos de salario… bueno, entonces ya mejor no decir nada porque es en ese punto donde me llevan los diablos, como decía mi abuelo.

Pero aun así, mirando a mis compañeros de promoción, he de reconocer que no estoy en la peor de las situaciones y si vamos más allá, si miramos al mundo en general, entonces es cuando me puedo considerar un privilegiado, para empezar porque no paso hambre y tengo un techo bajo el que dormir cada día. Esto, que puede parecer una reflexión positiva es en realidad una muy negra visión de la vida, porque si estando como estoy puedo llegar a considerarme un privilegiado, si en mi situación puedo llegar a ser objeto de envidia es síntoma de que las cosas no andan nada bien por aquí.

Por eso he de reflexionar y llegar a una conclusión muy sencilla y concreta: el actual sistema por el que se rige el mundo, la vida, las relaciones humanas y más aun las económicas necesita una profunda revisión, y si no hacemos esa revisión pronto todo esto acabará estallando como una bomba de relojería, aunque las masivas emigraciones desde África hacia Europa o desde Latinoamérica hacia Estados Unidos son buena muestra de que esa revolución, esa bomba ya ha empezado a consumir su mecha, solo cabe preguntarse ya si podremos encontrar un remedio antes de que la mecha se acabe y la bomba reviente llevándose por delante todo aquello por lo que nuestros abuelos lucharon.