¿Y SI MI PIEL HUBIERA ESTADO TATUADA?

A veces, en el desamparo de la soledad, te surgen preguntas que no tienen mucho sentido, preguntas a las que quizás ni siquiera merezca la pena responder, pero que surgen, y si es cierto eso de que el subconsciente nos interroga con motivos, entonces tal vez deberíamos prestar más atención a esas preguntas y empezar a pensar por qué surgen.

Siempre quise tener melenas y tatuajes, pero nunca me atreví a llevar ninguna de ambas cosas, las melenas por pereza, una gran melena requiere de más cuidados de los que mi ánimo ha tenido nunca ganas de darle a mi pelo. Los tatuajes por ese miedo al dolor, un dolor que no es tanto, pero para el que mi psiqué me ha dotado de tolerancia cero. Y con el tiempo suceden cosas, pasa la vida y aparecen personas en tu existencia que te hacen preguntarte si las cosas hubieran tenido otro desenlace de haber tenido algo más de tolerancia al dolor o de haber sido un poco menos perezoso. Al fin y al cabo es cierto que la apariencia física de las personas no ha sido nunca un factor determinante en mi vida, pero siempre me quedará la duda de si un pelo largo me habría ayudado a trepar por la torre hasta mi particular Rapunzel o si una piel entintada con esa rosa y las siglas de mi nombre como siempre quise tener me habrían ayudado a conectar mejor con otras personas que comparten ese gusto y acceden a llevar dibujos incrustados en su cuerpo definitivamente.

Tal vez si un día cualquiera de los pasados en mi vida me hubiera decidido a tatuarme todo hubiera salido exactamente igual de lo que es ahora, tal vez si mi pelo hubiera llegado al suelo no sería ni más ni menos feliz de lo que lo soy ahora, imagino que ninguna de esas tonterías habría cambiado definitivamente mi vida, pero realmente nunca lo sabré, nunca podré asegurar que un tatuaje en mi brazo izquierdo no habría cambiado mi destino, nunca podré asegurar que si me hubiera gastado menos dinero en cortes de pelo sería ahora mismo otra persona. Casi escribo que me da igual, pero lo cierto es que no, no me es indiferente, lo cierto es que pienso en ello, no ya en el pelo o en los tatuajes, sino en todas esas pequeñas cosas que nunca quise cambiar o a las que me dio miedo acceder y que sin embargo, a pesar de parecer insignificantes, tal vez, quizás, puede que hubieran cambiado mi vida. Lo que nunca haré será arrepentirme de ninguna de mis decisiones, porque hechas están y gracias a ellas soy hoy en día quien soy, alguien de quien, sinceramente, me siento profundamente orgulloso.