Un día como hoy, en el que no hace frío y llovizna ligeramente, es un día perfecto para caminar con un paraguas por las casi desiertas calles que deja un día así en casi todas las ciudades. Un día para reflexionar sobre lo sucedido la noche anterior o las dos noches anteriores, en las que a uno nunca sabe lo que le va a tocar vivir después de haber hecho, una vez más, el idiota ante el mundo.
No es que yo haga mucho el tonto, pero de vez en cuando alguien me hace perder los papeles y en esta ocasión lo que pasa es justo eso, que cuando ya pensaba que nadie podría trastocarme los planes ha aparecido una persona capaz de hacerme perder el norte, capaz con una sola mirada, una sonrisa, de volverme el tipo más idiota de la tierra. Lo cierto es que no ha sido algo buscado, al menos no en esta forma en la que me lo he encontrado, pero ahí está y ahora no se como salir del atolladero, y creedme que lo es, porque se trata de una persona con la que no voy a poder estar, al menos no de momento, y eso complica las cosas cuando tengo que verla por narices varias veces a la semana y cada vez que mi mirada se cruza con la suya de mi corazón empiezan a brotar los sentimientos más puros, fuertes y demoledores que nunca nadie haya tenido.
Y es que me vuelve loco. He intentado conocer a otras y procurar olvidarme así de ella, porque os aseguro que no es para mi, pero no puedo, no sale, me siento falso y metiroso y la verdad es que no se qué hacer porque no veo solución.
En fin, sea como sea, en 48 horas dormí 3, el resto dedicadas a la fiesta, y eso hace ver las cosas de una manera tal vez poco equilibrada, porque el cansancio afecta. Espero que mañana sea otro día.


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