Muchas veces damos demasiada importancia a formas de actuar y reaccionar ante la vida de una manera científica, cuando "vivir" es todo lo contrario a la ciencia, es decir, tenemos que vivir según las leyes del caos, dejar que las circunstancias hagan que sucedan las cosas sin más, porque solo así vivremos, lo demás solo sirve para amargarse con cálculos absurdos. Decía Bernard Shaw (ganador del Nobel de literatura en 1925) que: "A veces la impaciencia da más frutos que los más profundos cálculos". Precisamente la impaciencia es el mejor acelerador del propio caos, porque cuando no pensamos, simplemente actuamos, estamos echando combustible del mejor posible a un fuego que se alimenta con la falta de razocinio.
Aunque tampoco le faltaba razón a François Fénelon (autor de Las Aventuras de Telémaco) cuando decía que: "Casi no hay cosa imposible para quien sabe trabajar y esperar". Esto es prácticamente lo mismo que vino a decir Banjamin Franklin cuando aseguró: "Con la paciencia y la tranquilidad se logra todo y algo más". En realidad las posturas de estos dos últimos y la de Shaw no se contradicen, sino más bien se complementan. Pues mientras el irlandés venía a mostrarnos que la vida no es una ciencia exacta y por tanto no puede pretenderse vivir como tal, Fénelon y Franklin nos enseñan que si realmante queremos algo solo nos cabe seguir el camino de la paciencia, no en vano dice el refrán que la paciencia es la madre de la ciencia. Al fin y al cabo estamos diciendo lo mismo que este provervio ancestral, que tan directamente relaciona paciencia con ciencia, y como ya hemos dicho, vivir no es científico, pues experimentar aquello que la vida va poniendo en nuestro camino (amores, desengaños, triunfos, derrotas...) son lo que al final de nuestro trayecto por este mundo nos pemrite poder decir a nuestros descendientes que hemos vivido.
Si tienes un objetivo concreto en la vida, aprende a ser paciente. Pero esa espera, esa tranquilidad científica que te conducirá a tu objetivo, acabará también por impedirte ver el mundo, y entonces, aunque hayas conseguido lo que buscas, habrás dejado de vivir. ¿Para qué te habrá servido entonces lograr tu objetivo?
Aunque tampoco le faltaba razón a François Fénelon (autor de Las Aventuras de Telémaco) cuando decía que: "Casi no hay cosa imposible para quien sabe trabajar y esperar". Esto es prácticamente lo mismo que vino a decir Banjamin Franklin cuando aseguró: "Con la paciencia y la tranquilidad se logra todo y algo más". En realidad las posturas de estos dos últimos y la de Shaw no se contradicen, sino más bien se complementan. Pues mientras el irlandés venía a mostrarnos que la vida no es una ciencia exacta y por tanto no puede pretenderse vivir como tal, Fénelon y Franklin nos enseñan que si realmante queremos algo solo nos cabe seguir el camino de la paciencia, no en vano dice el refrán que la paciencia es la madre de la ciencia. Al fin y al cabo estamos diciendo lo mismo que este provervio ancestral, que tan directamente relaciona paciencia con ciencia, y como ya hemos dicho, vivir no es científico, pues experimentar aquello que la vida va poniendo en nuestro camino (amores, desengaños, triunfos, derrotas...) son lo que al final de nuestro trayecto por este mundo nos pemrite poder decir a nuestros descendientes que hemos vivido.
Si tienes un objetivo concreto en la vida, aprende a ser paciente. Pero esa espera, esa tranquilidad científica que te conducirá a tu objetivo, acabará también por impedirte ver el mundo, y entonces, aunque hayas conseguido lo que buscas, habrás dejado de vivir. ¿Para qué te habrá servido entonces lograr tu objetivo?


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