Ya no recordaba lo que es escuchar el sonido de los pajaros despertando justo antes de irme a dormir tras una larga noche de sábado. Tampoco recordaba lo que es llorar tras una discusión. Hacía mucho tiempo que no reía como lo hice hace dos días, pero también ha pasado mucho tiempo desde la última vez que el dolor espiritual fue más fuerte que el orgullo en mi fuero interno.
A veces creo superada la prueba más dura que a la que me he enfrentado en los últimos años, y justo cuando creía que de verdad empezaba a hacerlo, empezaba a pasar página, vuelvo a caer en la espiral que me hace darme cuenta de lo insensato que soy a veces. Esos ojos, esa naricilla casi perfecta en medio, los miro, me quedo atontado observando la mirada más bonita que he visto nunca, el movimiento a lo embrujada de esa nariz y recuerdo que me va a ser muy difícil olvidar algunos sentimientos. No he superado nada, no he logrado ningún avance, sigo exactamente en el mismo punto en el que estaba en la nochevieja de 2007, permanezco estancado en aquel momento que por entonces me pareció mágico y ahora casi maldito. Sigo en el mismo punto que aquella noche en la que creí haber alcanzado la meta que he estado buscando toda mi vida. Sigo siendo un gilipollas.
Y la verdad, ni si quiera se por qué estoy ahora llorando, ni entiendo por qué no puedo ser feliz ni si quiera una vez en mi vida, ni por qué alguien me ha condenado a aullar solo en mi bosque eternamente.



1 comentarios:
Sabes que me encanta leerte? Consigues ponerme el vello de punta. Un besazo enorme!
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