Ya estaba hecho, no había opción de volver atrás. Después de mucho meditarlo, de premeditar cada uno de los pasos necesarios, ahora la cosa estaba hecha. Conducía sin a penas pretsar atención a los carteles y señales de la carretera, era una manera casi automática de conducir aquel Cadillac olvidándose de todo pedal que no fuese el acelerador, si en esos momentos le hubiesen preguntado a qué velocidad conducía, ni siquiera hubiera sido capaz de contestar, no había hueco en su cabeza para más pensamientos que los necesarios en ese momento, debía conducir, llegar a su destino lo más deprisa que pudiese, pero se olvidaba de algo, no era recomendable exceder el límite de velocidad, porque en Colorado la policía de carretera es muy severa con eso y tras cualquiera de esas rocas rojas podía haber apostado un coche patrulla con un poli esperando a cualquier despistado radar en mano. Entonces se dio cuenta y levantó un poco el pie. Aquel "Eldorado" del 55 respondió rápidamente y bajó unas cuantas millas por hora mientras su imponente motor parecía respirar, como un atleta que tomase aire tras una carrera.
De repente el aire caliente que le daba en la cara empezó a ser más frío, miró al cielo y comprobó que la noche empezaba a caer. Eso podía ser un arma de doble filo. Un coyote como el por la noche conduciendo un coche así podía levantar las sospechas de cualquiera, y si un agente intentase abrir el maletero para comprobar lo que llevaba allí estaría en serios apuros. Pero la noche es aliada del crimen, todos los gatos son pardos cuando el sol se esconde, así que le sería más fácil cavar un buen hoyo por la noche, ayundándose solo de los faros de su Cadillac para ver. Después metería el cuerpo en el agujero, tal y como lo llevaba en el coche, con la manta y todo, le echaría tierra encima y se alejaría de allí. Nunca encontrarían el cuerpo, no, allí no. El sitio en el que había pensado estaba alejado de cualquier camino, ni turistas, ni nativos, nadie pasaba por allí nunca.
Al cabo de unas horas llego al lugar, detuvo el coche y al coger la pala del maletero y ver de nuevo aquel enorme bulto envuelto en esa manta vieja tuvo un conato de arrepentiemiento. Pensó que aquelló debió haberlo hecho en un momento de enajenación, podría alegar eso ante un juez, tal vez si se entregaba ahora... Pero un rápido flash pasó por su cabeza: ¡no, nunca te creerían! Aquella masa de carne envuelta en una manta ahora, había sido hasta hacía apenas unas horas un verdadero ídolo para los niños, ¿quién puede matar a un ídolo de niños? ¿Qué clase de animal podría hacer algo así? "No te entregues, ni se te ocurra -se dijo a si mismo- Te condenarán sin ni siquiera escucharte, te mandarán a la silla eléctrica, en colorado achicharrar a alguien como tu sería fácil, cualquier fiscal se frotaría las manos con tu caso... Sigue el plan, además, ese cretino se lo merecía."
Una vez enterrado guardó la pala en el maletero, cerró el capó y miró unos segundos la tumba improvisada de aquel desgraciado, pensó que no le daba pena, para nada, el solo se lo había buscado y durante años había logrado escapar, pero al fin le llegó su San Martín. Empezó a recordar las putadas que le había hecho y sonrió satisfecho, porque sabía que ya nunca más caería por un acantilado, ni notaría como una piedra gigantele aplastaba la cabeza, no sentiría las humillaciones y faltas de respeto que tantas veces había sufrido. Sonrió porque sabía que al final se hizo justicia y ahora ya el viviría feliz, al fin el Correcaminos había muerto...
Para Towanda, porque se lo debía :-)




1 comentarios:
Bieeeennn!, al fin hicimos justicia contra ese ser abominable: "mic- mic".
¡Qué bien contado!. Me pensaba, según leía, en otro tipo de asesinato... Pero, si alguien debe morir ése es: "El Correcaminos".
Te ha quedado estupendo, y la dedicatoria me la llevo como un regalo de navidad. ¡Gracias!
Un abrazo P.K.1976.
Publicar un comentario