SIN COLCHÓN EN EL QUE CAER.

Son las cinco de la madrugada y aun sigo pegado al PC pasando una y otra vez por las mismas webs, no estoy haciendo nada de provecho, solo pensar en lo triste que es mi vida a veces, en lo vacía que se queda mi casa cuando llega la noche, cuando es fiesta... Supongo que siempre está igual de vacía, pero claro, los días de diario a penas la piso y no me doy cuenta. Cuando no hay una jornada laboral que me ocupe, cuando no salgo a hacer deporte y cuando los amigos regresan a sus hogares, con sus familias, lo pocos metros cuadrados de salón se me hacen inmensos, las paredes emiezan a inclinarse sobre mi y los fantasmas merodean sobre mi cabeza devolviéndome a la verdadera realidad de una existencia insípida.

Pasan las horas y sigo aquí, perdiendo horas de sueño y minutos de descanso. Imagino que mirar facebook o twitter es importante, cierro sesión, miro el correo, abro de nuevo... ¡Nada! Tonterías que solo pretenden ocultar la verdad, agria e insoportable verdad: no quiero meterme en la cama solo.
Hubo un tiempo en el que llegué a pensar que era posible encontrar a alguien, pero conforme iba encontrándolas, las perdía, y se iban lejos, al sur, a Londres, a la calle de al lado... Soy como un imán intentando unirse a otro por el mismo polo, cuanto más lo intento, más lejos se van. Ni si quiera se a qué viene esto hoy y ahora, simplemente me inhundó la cabeza y sentí que debía dejarlo salir, ya avisé hace tiempo que la alegría me arrebataba la inspiración para escribir, pues debe ser que hoy precisamente me quedé sin ganas de seguir sonriendo, al menos de momento. Ya veremos mañana.

¿Futuro? Claro que hay, pero dudo mucho que el camino que me lleve a el vaya ser nunca uno de rosas, esas debieron acapararlas todas otros que llegaron antes, o que fueron más listtos. A mi, como buen manchego que soy, me quedan solo los cardos. ¡Qué buen amigo soy! Eso me dicen, yo creo que más bien lo que soy es un gilipollas incorregible al que solo buscan cuando necesitan hablar de sus problemas, y siempre fui un poco egoista, eso si, un egoista reprimido que lo disimula muy bien. 

Se me acaban los abrazos y mi seña de identidad podría cambiar si nadie lo soluciona..

3 comentarios:

Querido amigo, siento tu tristeza... Y no sé qué palabras emplear para aliviarte. A lo mejor lo que tienes que hacer en gritar y llorar hasta que te hartes. Te podría decir ánimo, que todo se va a arreglar, que son rachas, que alguien vendrá... pero a mí, cuando he estado desesperada, lo único que me apetecía era llorar.
Oye, una cosa, que los abrazos no se te han acabado porque te mando el mío, cargado de energía positiva.
Un beso muy fuerte y aquí estoy para dejarte mi hombro, si tú quieres.

 

¿Te he dicho ya que hay que besar muchas ranas antes de encontrar al príncipe? Bueeeeno, a la princesa. Es un poco deseperante, lo sé. Es como esa respuesta en los sorteos de "rascar y ganar" que dice "siga jugando" (que te entran unas ganas de mandar a tomar por saco a alguien...)
Pero todo llega. Estoy segura de que un día vas a comunicarnos a tus fieles seguidoras que has encontrado a alguien, y desde ese momento empezarás a dedicarle a internet menos y menos tiempo. ¡Te echaremos de menos!
un abrazote
Ah¡ Mola el nuevo look de tu blog¡

 

Es cierto, Towanda,, diga lo que te diga la gente, no sirve de nada, y lo peor es que sabes que te lo dicen con su mejor intención, pero no vale para nada.

Julia, me sabe la boca a pantano cenagoso de tantas ranas como he besado, me da la sensación de que me van a salir berrugas en los albios antes de ver una transformación en princesa.

Lo único que merece la pena es descubrir que todos los días hay algo, al menos una cosa, que todavía me hace reir. Y la gente que siento a mi lado, como vosotras, claro.