Un día de lluvia, en el que los jóvenes se aburrían en el templo sin poder salir a practicar, un alumno le preguntó a su maestro de Kung Fu: "Maestro ¿por qué recibes como a un hermano al gobernador de la provincia, que te recuerda tus defectos y crítica casi todo lo que haces cada vez que viene a verte, mientras que al comisario, que te trata con amabilidad y paciencia, como su de verdad te amase, ni siquiera lo invitas a tomar el te?".
El maestro, guardando su gun shu, le respondió impasible: "El primero es sincero, me dice lo que siente su corazón y aunque a veces duela escuchar sus críticas, se qué habla sin maldad, y nunca a mis espaldas. El segundo es falso, pretende engatusarme con palabras y sonrisas simuladas, para después, delante de la gente del pueblo, maldecirme y hablar mal de mis técnicas y mis alumnos. Yo solo premio la sinceridad y me abro a los corazones leales que se abren a mi"



2 comentarios:
¡Mucha "miga" encerrada en esas palabras!.
Me recuerda ese dicho popular que dice "quien bien te quiere te hará llorar" y con el que no estoy yo muy de acuerdo.
Palabras para reflexionar profundamente.
Un abrazo, majete.
Uf... No sé si estoy de acuerdo. Al menos no completante. Es verdad que quien siempre tep one buena cara y te halaga lo bien que haces todo te hace pensar que no es sinceor, pero a mí no me gusta desconfiar de todo el mundo. Quizás haya quien lo diga de verdad.
Un saludo!
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