La verdad es que desde hace mucho tiempo pienso en las consecuencias de una locura. A punto estuve de aceptar aquella tentadora "oferta" de Noruega. Y si no recuerdo mal hasta llegué a hacer las maletas para marcharme a Asturias. Pero se que en realidad nunca me largaré de aquí, lo se, no me preguntéis por qué, pero lo se. Nada me retiene, no tengo pareja estable, no tengo un trabajo que me "entusiasme", solo a mi familia a la que, para ser sincero, quiero más cuanto más tiempo paso alejado de ella. Entonces ¿qué me retiene? No lo se, de verdad que no, tal vez sea solo pura dejadez, o vaguería, o vaya usted a saber. Lo cierto es que esta maldita tierra me tiene bien pillado, ¡joder que si! Soy de los que piensan que la edad no es límite para nada, pero en el fondo se que me queda poco tiempo, estoy a punto de llegar a la línea de "no retorno", esa línea que los pilotos conocen y a partir de la cual, si pasas, no podrás regresar porque el combustible no da más de si. Se que estoy al borde una línea parecida, una de esas líneas que si alcanzas, ya no hay posibilidad de volver, o de rectificar, me queda poco para tomar una decisión de ese calibre, me voy o me quedo, y se que si no tomo la decisión antes de llegar a esa línea, ya nunca la tomaré, pero realmente no se si la quiero tomar. Sería tan fácil si alguien me diese una señal, no se, una nueva persona que entrase en mi vida, o una que reapareciese en ella, tal vez un despido o una llamada vocacional tardía... lo que sea. Y sin embargo, mientras escribo esto, me acojona la idea de quedarme sin trabajo, me apura pensar que pueda conocer (o reencontrarme) a alguien que cause tal impacto en mi vida, no se, pero creo que soy un acojonado, bueno, no lo creo, lo se.
La vida asusta y en cambio todos deseamos vivirla, paradoja de a peseta, lo se, pero yo soy así, España y yo somos así, como diría un personaje de televisión. Pero luego pienso, y le doy vueltas a la puta cabeza, y pienso más y más. Y cuando me canso de pensar me doy cuenta de que no estoy asustado, simplemente me he acomodado y el miedo no es al cambio en si, sino más bien se trata de pereza para empezar de nuevo todo lo que he ido acumulando en estos años, y no me refiero a riquezas materiales, viles objetos, sino a algo más, a una vida. Hoy por hoy tengo identidad, se quien soy, me conozco y creedme que me ha costado mucho llegar a conocerme, saber quien soy y para qué estoy aquí. Tal vez no sea un héroe, ni un ejemplo para los niños, puede que ni si quiera exista una sola persona en este mundo que me vea como a alguien que merezca la pena, pero yo se quien soy, algo que me ha costado demasiado tiempo, creedme.
Algún día cogeré ese tren, pero mientras tanto, la verdad es que no me cuesta demasiado acostumbrarme a esta estación ni a sus gentes. Aunque se que mi destino está en otro lado.


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