Hay momentos en la vida en la que tenemos la sensación de no estar en nuestro lugar, ni siquiera cuando estamos en nuestro rincón favorito del sofá de casa viendo una de esas pelis que nos encantan, ni siquiera en ese momento nuestro cuerpo goza del placer de estar donde debe y eso, eso amigos es malo.
Hay gente que nunca tiene esta sensación, otras personas la tenemos con demasiada frecuencia. Pero eso de "hoy es un día maravilloso, seguro que viene alguien y lo jode" también tiene su espejo, es decir, también hay veces en las que parece que nada puede ya salir peor porque tocas fondo, y justo en ese momento suena el teléfono y te llama alguien de quien ni te acordabas, pero como por un orden del más allá decide rescatarte. Hay quienes se lanzan a ese rescate como si fuese el último tren hacía una estación llamada destino, otros somos lo suficientemente estúpidos como para analizar el vagón que nos ha tocado y decidir que si queremos enmendar nuestras vidas, no podemos volvera cometer los mismos errores una y otra vez, y decidimos romper el billete y dar la vuelta justo cuando estamos a punto de entrar en al andén.
Y luego, a la mañana siguiente, te despiertas y el sol brilla, porque los astros, entre ellos el rey, se alegran de que hayas tomado la decisión correcta. Cuando se persigue un destino no siempre estás obligado a saber cual es el mejor camino para encontrarlo, pero si sabes que hay carreteras que ya recorriste una vez y sabes que no llevan a donde quieres ir. En eso consiste el tomar las decisiones adecuadas, porque no podemos adivinar lo que debemos hacer, pero la experiencia nos debe servir para saber que lo que nos llevó al desastre en el pasado, nos volverá a llevar otra vez si repetimos esas acciones otra vez porque, amigos, el pasado nunca vuelve, pero deja sus despojos para intentar que resbalemos otra vez en ellos y debemos ser lo suficientemente inteligentes como para no hacerlo.
Hoy es un buen día, no pienso permitir que nadie me lo joda.



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