LA TINTA EN SU PIEL, LA LUZ EN SUS OJOS.

Lo que hoy nos parece algo seguro, puede dejar de serlo mañana, un simple no puede transformarse en el si más rotundo, la soledad más triste puede dar paso a la mejor de las compañías, porque nada en este mundo dura para siempre, aunque a veces nos parezca que nada cambia en nuestras vidas o que nada va a cambiar.

Hoy me ha resultado especialmente difícil despertarme, no porque tuviera sueño o porque estuviera cansado, de hecho hoy me he levantado con más energías que nunca, pero despertar y no ver a nadie a mi lado ha sido difícil. No es algo nuevo en mi vida, pero después de vivir el más dulce sueño de cuantos he vivido probablemente en los cinco o seis últimos años, la verdad es que hoy no ha sido la mejor de mis mañanas. Después de despertar, hace poco, por la mañana y ver a la mujer más dulce e increíble de cuantas he conocido en la última década, amanecer sin ella hoy ha sido casi una pesadilla. Lo se, soy un sentimental, un romántico, un tonto tal vez, pero es lo que soy, para bien o para mal mío o de los demás ese soy yo. ¿Duro? Nunca lo fui ni pretendí serlo, solo práctico, pero de vez en cuando, cada determinado número de años, aparece alguien en tu vida que te cambia los esquemas, que deshace tus planes de vida, que te obliga a replantearte lo que estás haciendo cada día, a mi eso me ha pasado este último fin de semana y sus ojos eran los más bonitos de cuantos he tenido la oportunidad de mirar de frente.

Cuanta delicadeza en su mirada, cuanta dulzura en sus sonrisas, cuanta pasión en sus abrazos… Desde esa misma noche en que la conocí sus tatuajes se convirtieron en el mapa que guiara mis miradas, sus ojos en los focos que me mostraran el camino por el que circular, sus manos el soporte que sujete mi corazón, su nombre la palabra que me abra un nuevo mundo. ¡Qué distinto es despertarse con alguien que realmente te da igual que esté allí o no, a despertarte junto a alguien que no quieres que se vaya nunca! Por qué, me pregunto, por qué ha de ser esa persona que me ha llegado directa al corazón alguien que pasa sus días a casi 400 kilómetros de distancia. Por qué soy una persona tan sumamente afortunada por haberla encontrado y a la vez tan absolutamente desgraciado por no saber si podré volver tocar su pelo. Por qué he de encontrar a alguien así para inmediatamente tenerla al borde de una situación que me la arrebate sin certidumbre alguna de saber cuando volveré a mirarla a los ojos. Cuanta envidia siento de mi mismo, de ese Yo que pasó unas horas tan felices a su lado mientras sonaban los rítmicos blues de Koko Taylor, Rick Holmstrom y Ñako Goñi. Cuanta envidia siento de ese Yo que sentado en bar con ella sin que los demás importasen para nada. Cuanta envidia siento ese Yo que no se si volverá a tener tanta suerte como tuvo aquella noche… y la siguiente.

Ojalá esto solo haya sido el principio de un viaje inciático por un mundo que desde hace tres décadas me esperaba latente sin querer salir a la luz porque aun no era el momento. Ojalá el momento haya llegado y pronto pueda vivir lo que la vida me preparaba y ojalá que eso sea ella, en todo su ser, en todas sus consecuencias.