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En el mundo hay en estos momentos más de seis mil millones 175.000 habitantes, de ellos, la inmensa mayoría nos ignora, es cierto que porque ignoran que existamos, pero nos ignoran al fin y al cabo, no nos hacen caso alguno, y sin embargo eso no nos afecta para nada a nuestras emociones, seguimos nuestra rutina sin que nos importe lo más mínimo que más de 6 mil millones de personas nos hagan caso alguno, pasen de nosotros. Y sin embargo cuando es alguien que de verdad te importa y te sientes ignorado, qué mal se pasa. Cuando es tu hermana mayor, tu amigo de toda la vida o esa persona que hace que tu corazón palpite quien te ignora, ¡qué sentimientos más tristes invaden tu corazón!

No se si hoy habré sido ignorado, pero me he sentido como tal, probablemente es una tontería, una nimiedad, algo carente de importancia y si se analiza fríamente una gilipollez en toda regla, pero cómo ha sufrido mi corazón en ese breve periodo de tiempo en el que he sentido que esos ojos que tanto se fijaban en mi en otras ocasiones, hoy me ignoraban.

La perdonaré, porque se lo perdono todo, porque soy yo el culpable de todo, siempre lo soy, pero... qué mal puede llegar a hacerme sentir. Eso solo puede deberse a una cosa, y es que me importa, me importa de verdad y si me saca de su vida, aunque solo sea durante una fracción de segundo... me mata un poquito. Creo que no hay mayor prueba de que la amo con todas mis fuerzas.

EL EXTRAÑO ENCANTO DEL DESCONCIERTO.

Anoche cuando ya no pensaba salir, con los pantalones doblados en la cama, los zapatos colocados para descansar y los restos de una desequilibrada cena sobre la mesa, recibí un mesnaje, era de una amiga con un llamamiento para salir con ella y unos amigos. Joder, me lo pensé, solo dos minutos, pero me lo pensé, tal vez debí haberlo pensado algo más, porque aquello fue extraño. Con esta chica hubo algo una vez, fue solo una noche y la verdad es que creo que ninguno de los dos lo disfrutamos demasiado, pero lo hubo. No se por qué, pero tengo un mal recuerdo de aquella imprudencia, éramos amigos y nunca debimos hacerlo, la amistad se estropeo un poco en las fechas siguientes y nada fue como antes. Además nunca volvimos a hablar del tema, aquello quedó sepltado en un falso olvido del que ninguno de los dos hemos querido desenterrarlo nunca más.
De aquello hace creo que un año o más, la verdad es que hace bastante. La amistad siguió, un poco extraña pero siguió. Ella ya me habia mandado varios mensajes en otras ocasiones para quedar, pero siempre puse una excusa, a veces ciertas, otras vilmente falsa, para no acudir a esas citas. Pero anoche era una noche mala para mi, estaba solo en casa, había tenido un mal día de trabajo, la noche anterior había sido mala también y además, no se por qué, ELLA, la que hasta ahce bien poco creí que sería el amor de mi vida, estaba de nuevo rondándome por la cabeza. Todo confluía para que lo último que desara fuese quedarme solo en casa toda la noche del sábado. Así que me vestí de nuevo, cogí la cartera y las llaves y salí en busca de mi amiga. Pero fue raro estar con ella después de aquella noche.
Este caso solo ha sevido para hacerme una pregunta: ¿Podré salir solo como amigo con la última mujer que me ha enamorado? Sabe Dios que lo único que quiero es su amigo, lo último que me gustaría sería dejar de verla, de hablar con ella, como pasó con Iris, pero si ha sido tan raro volver a ver a una amiga con la que me acosté y con la que nunca hubo nada más, imagino como deberá ser de duro estar al aldo de una persona por la que daría mi vida sin poder besar s labios, sin poder decirle "te quiero", sabiendo que ella nunca me amará y que el sexo es algo que no pasará jamás... Tal vez pueda, pero ¿y no es posible?
Sea como sea la quiero, demasiado para dejar de ser parte de su vida, pero ser solo amigo ¿podrá ser algo soportable para mi? Ójala algún día cambie de idea, ójala algún día se de cuenta de que estaba equivocada y me pida el amor que estoy deseando darle. La quiero demasiado como para olvidarla.

DELICIOSO CAOS

No es lo mismo. Yo se que no, aunque pueda actuar a modo de sucedáneo a la perfección, aunque pueda lograr que me olvide de mis más inmediatos errores, aunque quiera convencerme de que las cosas pueden ir a mejor con esta actitud, se que no es lo mismo. En cierto modo ha sido bonito despertar y comprobar que el delicioso caos del dormitorio aun seguía ya bien entrado el medio día. Una vez solo encasa darle al play con un disco de Ray Charles sonando por encima del televisor, que reproduce sin demasiado éxito las imágenes de lo que otros han considerado que debían ser las noticias del día y que yo apenas lograba escuchar, más centrado en la voz del amigo Ray que en esas imágenes que ya empiezan a resultar aburridas y repetitivas. Ha sido agradable comprobar que al menos un domingo ha sido distinto. Con el reloj rozando las cuatro de la tarde, los platos metidos en armónico orden en el lavavajillas, el sol penetrando por las ventanas y yo haciendo la cama que la noche anterior se había convertido en un verdadero caos de sábanas, edredones y almohadas. Descubrir una orquilla olvidada junto al lavabo y saber que una vez más me he sentido más o menos bien al despertar, a pesar de las seis cervezas sin cenar de anoche.

No negaré que me gustó, que disfruté, y no solo en el plano carnal, que también, por primera vez en mucho tiempo lo hice. Pero disfruté más sabiéndome acompañado, notando una presencia tan dulce y delicada a mi lado. No puedo decir que no haya disfrutado con una noche como la de ayer, porque mentiría, sería imposible dejar de admitir lo bien que lo pasé, más emocionalmente que de otra manera, porque lo pasé realmente bien. Pero nada de todo eso logra borrar los recuerdos aun recientes de mi ángel, no, amigos, una mancha de mora no se quita con otra, solo aumenta de tamaño. No puedo olvidarla, es más, después de haber echo algo como lo de anoche aun su presencia se hace más fuerte en mi mente, me siento como si le hubiera sido infiel y en realidad lo he sido, no somos pareja, no tenemos ningún tipo de vínculo que nos una como hombre y mujer, realmente nunca lo tuvimos, solo hemos sido amigos, amigos que rebasaron algún límite por lo general prohibido a los amigos, pero amigos al fin y al cabo, solo eso, y sin embargo siento como si hubiera sido infiel al amor de mi vida. Lo he sido, porque aunque ella no quiera que nuestra amistad evolucione a nada más, mi corazón está realmente convencido de que deberíamos hacerlo y por eso, sustituir su mirada por otra en mi interior es la mayor infidelidad que pudiera haber cometido nunca.

Creo que estoy avocado a ser infiel el resto de mi vida, porque estoy condenado a no poder amar nunca a quien de verdad quiero amar. Tendré que vivir con ello…

BUEN SÁBADO, MAL DOMINGO.

Como puede cambiar el mundo para tus ojos del día a la noche. Este fin de semana ha sido el mejor y el peor a la vez para mi. El sábado fue como estar en el cielo, parecía que mis sueños se cumplían sin contemplaciones, que todo lo que estaba deseando desde hace meses sucedía, parecía que al fin Dios existía para mi también... Y el domingo fue un mal día, me desperté besándole el coño y terminé durmiendo en su sofá... solo.
La quiero, la querré siempre, pase lo que pase, por mucho daño que me haga nunca podré dejarla de querer. Pero lo peor de todo es que ella nunca me ha hecho daño y se que nunca lo hará, el daño me lo hice yo solo. Ella ha sido sincera conmigo, cariñosa en extremo, buena, en una palabra, ella ha sido buena conmigo. El día que decidí intentar avivar el fuego de lo que no iba a ser más que un "rollo" de verano, sabía que esa misma decisión acabaría haciéndome daño, pero ella me penetró directa al corazón y me resultaba imposible no hacerlo. La decisión se tomó, la tomé, tal y como debía estar escrito en algún sitio que debía tomarse y así pasó, justo lo que yo mismo intenté advertirme, mi amor fue creciendo, mis ilusiones empezaron a desbordarme y al final sucedió lo que siempre sucede, solo que esta vez me dolio como hacía años que no me dolía. El sábado fue como estar en el cielo, el domingo un verdadero infierno de sentimientos, ella no me lo quería decir, pero yo notaba que esto se estaba acabando, que por mucho que ella lo intentaba no lograba encontrar en su interior un sentimiento equiparable al mío. Y así las cosas... se acabó, simple y llanamente, se acabó.
Me queda un consuelo, y es que siempre la querré, ella me ha prometido su amistad, se que eso podría ser hasta peor aun, pero no quiero dejar de verla, dejar de sentirla... Porque a pesar de todo me ha dado los buenos días con un abrazo y me ha despedido acariciéndome la mano. Me quiere, no como yo desearía que me quisiera, pero me quiere y eso me basta para no querer morir. Yo también la quiero, no como ella desearía que la quiera, pero la quiero, y eso le basta para no decirme "nunca jamás".

MERECE LA PENA.

El viaje de ida fue maravilloso, pero el de vuelta ha sido un poco extraña. He llevado todo el camino los ojos empapados en lágrimas y aun no se muy bien por qué. Sabía que había preguntas que nunca debí hacer, las respuestas no me iban a gustar, lo sabía, pero mi curiosidad tuvo que ser más fuerte que mi prudencia una vez más. "Porque no estoy enamorada", esas cuatro palabras lapidarias, casi hirientes, cayeron sobre mi como una losa, hubiera esperado cualquier otra razón, pero no esa. En las cuatro horas de viaje de regreso me he preguntado varias veces si merece la pena querer a alguien que dice no estar enmorada pero que aun así te hace sentir la persona más amada del mundo. Me he contestado a mi mismo que no, que solo servirá para hacerme daño... una vez más. Luego me he vuelto a contestar que si, que da igual si dice que está o no enamorada, que lo importante es lo feliz que me siento a su lado, que lo que importa es sentir su piel, mirar sus ojos de cerca, lo que importa es que me trata como nunca nadie me ha tratado. No entiendo cómo puede ser así conmigo cuando dice no estar enamorada, hubo otras que nunca me trataron así y me juraron estar locas de amor. Pero no me importan las respuestas, porque son solo palabras, los sentimientos son mucho más fuertes, mucho más intensos. Me hace sentir amado, me hace pisar nubes, realmente ¿importa tanto si dice que no está enamorada?
No se cuanto durará esta historia, pero tampoco voy a preguntarme hasta cuando, porque es otra de esas preguntas de las que no quiero escuchar la respuesta.
Porque no estoy enamorada...
Esos suspiros cuando me abraza, esas miradas llenas de luz, esos nervios cuando estoy a su lado... ¿No es eso amor? Ella dice que no, ¿quién soy yo para discutírselo? Pero sigo pensando que si lo es, sigo pensando que aunque sea poco, algo tiene que amarme, o quererme, me da igual como lo quiera llamar. No se puede abrazar como ella me abraza, no se puede mirar como ella me mira, no se puede hacer sentir como ella me hace sentir si no amas a quien se lo haces. Es imposible. Pero ella dice que no está enamorada ¿quién soy yo para discutírselo?
Yo si que estoy enamorado, ahora lo se seguro, lo veo claro como la luz, he llorado toda la noche. Tumbado a su lado, mientras ella dormía, yo he pasado la noche en vela, llorando, derramando lágrimas que me recorrían la cara pensando en esas cuatro palabras... Sintiendo su aliento en la cara, cogiéndo su mano entre las mías, acariciando sus pies con los míos, he llorado, no se si de tristeza o de amor, pero he llorado mucho y aun me han quedado lágrimas para derramar mientras conducía de camino a casa. Y después de una noche en vela y un viaje con lluvia salada en mis ojos, después de todo eso, me he dado cuenta de que no importa si está enamorada de mi o no, a mi me da igual, me basta con lo que me da, con lo que me hace sentir. Lo que verdderamente importa es cuanto tiempo estará dispuesta a seguir dándome todo eso sin estar enamorada de mi. La quiero demasiado como para dejar de verla, la quiero demasiado como para permitirme una acción de despecho, la necesito en mi vida aunque esas cuatro palabras resuenen en mi cerebro el resto de mis días. Tal vez algún día solo sean tres palabras las que me diga, tal vez algún día el no quede desterrado de esa frase, tal vez algún día...

¡QUÉ BUEN ROLLO!

¿Sabéis esas ocasiones en las que crees saber algo con certeza aunque en realidad no haya ni un solo dato que permita objetivamente tenerla? Yo tengo la certeza de haber encontrado algo que llevo buscando años. Nada me permite asegurar que no me equivoco, pero da igual, porque cuando un sentimiento es tan fuerte, prevalece sobre toda lógica. He vuelto a hablar con ella y me da una confianza y una alegría que nunca antes había experimentado desde lo de Iris, se que no es bueno comparar y no pretendo hacerlo, pero desde entonces nadie me había inspirado tan buen rollo como ella ahora.

El otro día hable de nuevo con ella por teléfono, me encanta oír su voz, y disfruto escuchándola. Me dijo que tenía una botella de vino por si tiene una visita inesperada, y la verdad es que me encantaría ser esa visita. Lástima que me haya ido a buscar un trabajo para los fines de semana, porque la verdad es que hasta navidad estoy jodidamente pillado de lunes a domingo y lo de la visita es prácticamente imposible. Pero en fin, procuraré hacerle esa visita más adelante.

Me da igual si esto, como relación sentimental, no llega a ninguna parte, no me importa, porque solo con escucharla me es suficiente, siento que es una especie de inyección de felicidad ella en si misma, y aunque me gustaría formar parte de ella, de su vida, se que eso es algo a lo que ella no aspira y he de asumirlo. Aun así sigo queriendo oírla de vez en cuando, porque me da muy buenas vibraciones.

Amén.

A LA UNA Y PICO...

Hoy me vuelvo a encontrar solo y sin emabrgo sigo sin saber realmente qué es la soledad. Nunca estoy aislado de otros seres humanos, pero a veces parece que no hablo su mismo idoma. Estoy rodeado de gente pero no logro comunicarme sentimentalmente con ellos. La verdad es que empezo a sentirme un poco desquiciado, tal vez sea yo el que está mal de la azotea, tal vez no sea el resto del mundo y lo que me han estado intentando vender durante años como normalidad sea realmente lo normal, quizá no haya ningún complot mundial para hacerme creer que yo no soy único y simplemente es que no lo sea... Pero todo esto ¿realmente importa? Yo cada día empiezo a pensar que no, que lo realmente importante es disfrutar de lo que vivimos día a día, da igual si esto es real o solo es matrix como en aquella película de los hermanos de apellido impronunciable. Cada día que pasa me da todo un poco más igual, eso es en definitiva lo que quería decir.

Hoy me han dicho que profesionalmente soy mucho mejor que hace 4 años, yo creo que simplemente lo que pasa es que hoy en día me da todo mucho más igual que hace 4 años y por eso parezco más seguro. Pero no es seguridad, es solo que ya no me importa si algo sale bien o mal, solo quiero hacerlo, porque es mi obligación, y salir disparado del curro, solo eso. Aunque a veces haga justo lo contrario y esté deseando ir a trabajar para salir disparado de mi vida privada, porque a veces ésta ni siquiera existe. Y si hace unos años eso me llegó a preocupar, ahora me da igual. A pesar de haber pensado este verano que resucitaba, me he dado cuenta de que nunca se resucita, solo crees hacerlo, pero es apenas un estímulo pasajero que no ha llegado, en esta ocasión, más allá de octubre. Aunque no es poco, normalmente no pasan de agosto.


Y ahora, aquí, esperando a que pase un nuevo día, me da la una (o casi) de la madrugada sin saber en qué coño he gastado mi valioso puente del 1 de noviembre. Pero da igual, total ella no está a mi lado y pasado mañana volveré al trabajo como si nunca hubiera sido sábado, como si el domingo fuera solo cosa de ficción. Así que da lo mismo, nadie comparte mi tiempo libre, no importa que se acabe, da igual si lo tengo.

UN PAPEL EN BLANCO.

A veces la mente se convierte en un folio en blanco, un folio que aun sin que nadie te lo exija te pones por meta rellenar. De repente, ahí, frente al blanco infinito de ese pseudo trozo de celulosa mental, sin tener muy claro que vas a escribir o dibujar, pero sabiendo perfectamente qué es lo que quieres expresar, te das cuenta de que las cosas no son tan fáciles siempre. Bueno, tal vez no es eso exactamente de lo que te das cuenta, sino más bien descubres que las cosas son demasiado fáciles y que lo realmente difícil es tener valor para hacerlas. El valor, esa es la clave, no tanto el saber qué hacer o decir como el hecho de hacerlo en si mismo.

Sin apenas pensarlo un buen día puedes decidirte a hacer 800 kilómetros en menos de 12 horas solo porque si, porque te apetece, porque crees que ha llegado el momento de enterrar los fantasmas y de volver a ser feliz, porque crees que la hora ha llegado, tu hora, y nada merece más la pena que ese viaje, aunque sabes que al final del trayecto puede simplemente no haber nada. Pero da igual, tienes que hacerlo, aunque eso suponga más de 24 horas seguidas sin dormir, aunque eso pueda suponer una nueva desilusión tras la paliza de haberte recorrido media España sin saber muy bien qué es exactamente lo que vas a encontrarte al final del camino, Pero realmente todo eso te da igual, porque sabes que o lo haces ahora o muy probablemente nunca lo harás ya, da igual que todo pueda acabar en una nueva desilusión, porque en realidad ya vives en una continua desilusión y lo que toca ahora es apostar fuerte por algo que, a las malas, no va a cambiar tu vida a peor, pero que si pudiera transformar esa debacle continua en la que te mueves en una verdadera pista de despegue hacia algo que hace tiempo creíste conocer y que, tal vez, ahora pueda ser el inicio definitivo de un gran viaje.

Pasa el tiempo y los kilómetros van aumentando en tu cuenta particular, se acerca el punto de destino, muy lentamente, bajo el calor acuciante de un castigador sol de agosto, pero sabes que al final puede estar la respuesta. Y al cabo de un tiempo, cuando el destino se acerca verdaderamente, empiezan las taquicardias, tal vez solo sea el calor o realmente sea una respuesta biológica a un estado mental que muchos confunden con el amor, o tal vez sea amor, ya no lo tengo claro, hace tanto de eso… Pero lo cierto es que algo pasa y el destino, cada vez más cercano, te hace subir a un estadio de euforia, quizá falsa, como la de los borrachos, pero realmente eso da igual, lo importante es que sabes que has tomado la decisión correcta, y al final del camino, en el punto de destino, incierto, indefinido al fin y al cabo, te aguarda alguien con la respuesta a tus dudas. Un sobre lacrado encierra una pista fundamental para comprender ya no el destino del viaje, sino el destino propio. Lo que haya dentro del sobre solo se puede saber cuando quiebres el lacre, cuando abras el sobre y leas el pergamino clarificador de su interior. Ahora hay que reunir nuevamente valor, porque el viaje no habrá significado nada si no abres el sobre, lo malo es que no todo el mundo logra reunir tanto valor en un solo día.

En mi sobre había un nombre, y ese nombre se que es el que ha de marcar mi camino, un camino complejo, difícil, lleno de obstáculos más metafísicos que de otro tipo, pero obstáculos al fin y al cabo que habrá que sortear. Lo haré o moriré en el intento, eso que quede claro.

LA TINTA EN SU PIEL, LA LUZ EN SUS OJOS.

Lo que hoy nos parece algo seguro, puede dejar de serlo mañana, un simple no puede transformarse en el si más rotundo, la soledad más triste puede dar paso a la mejor de las compañías, porque nada en este mundo dura para siempre, aunque a veces nos parezca que nada cambia en nuestras vidas o que nada va a cambiar.

Hoy me ha resultado especialmente difícil despertarme, no porque tuviera sueño o porque estuviera cansado, de hecho hoy me he levantado con más energías que nunca, pero despertar y no ver a nadie a mi lado ha sido difícil. No es algo nuevo en mi vida, pero después de vivir el más dulce sueño de cuantos he vivido probablemente en los cinco o seis últimos años, la verdad es que hoy no ha sido la mejor de mis mañanas. Después de despertar, hace poco, por la mañana y ver a la mujer más dulce e increíble de cuantas he conocido en la última década, amanecer sin ella hoy ha sido casi una pesadilla. Lo se, soy un sentimental, un romántico, un tonto tal vez, pero es lo que soy, para bien o para mal mío o de los demás ese soy yo. ¿Duro? Nunca lo fui ni pretendí serlo, solo práctico, pero de vez en cuando, cada determinado número de años, aparece alguien en tu vida que te cambia los esquemas, que deshace tus planes de vida, que te obliga a replantearte lo que estás haciendo cada día, a mi eso me ha pasado este último fin de semana y sus ojos eran los más bonitos de cuantos he tenido la oportunidad de mirar de frente.

Cuanta delicadeza en su mirada, cuanta dulzura en sus sonrisas, cuanta pasión en sus abrazos… Desde esa misma noche en que la conocí sus tatuajes se convirtieron en el mapa que guiara mis miradas, sus ojos en los focos que me mostraran el camino por el que circular, sus manos el soporte que sujete mi corazón, su nombre la palabra que me abra un nuevo mundo. ¡Qué distinto es despertarse con alguien que realmente te da igual que esté allí o no, a despertarte junto a alguien que no quieres que se vaya nunca! Por qué, me pregunto, por qué ha de ser esa persona que me ha llegado directa al corazón alguien que pasa sus días a casi 400 kilómetros de distancia. Por qué soy una persona tan sumamente afortunada por haberla encontrado y a la vez tan absolutamente desgraciado por no saber si podré volver tocar su pelo. Por qué he de encontrar a alguien así para inmediatamente tenerla al borde de una situación que me la arrebate sin certidumbre alguna de saber cuando volveré a mirarla a los ojos. Cuanta envidia siento de mi mismo, de ese Yo que pasó unas horas tan felices a su lado mientras sonaban los rítmicos blues de Koko Taylor, Rick Holmstrom y Ñako Goñi. Cuanta envidia siento de ese Yo que sentado en bar con ella sin que los demás importasen para nada. Cuanta envidia siento ese Yo que no se si volverá a tener tanta suerte como tuvo aquella noche… y la siguiente.

Ojalá esto solo haya sido el principio de un viaje inciático por un mundo que desde hace tres décadas me esperaba latente sin querer salir a la luz porque aun no era el momento. Ojalá el momento haya llegado y pronto pueda vivir lo que la vida me preparaba y ojalá que eso sea ella, en todo su ser, en todas sus consecuencias.

EL SILENCIO DE UN LENTO OCASO.

Es tarde ya, son las doce y media de la madrugada y mañana es lunes, mañana tocará de nuevo enfrentarse al trabajo, no me apetece nada, pero habrá que ir y una vez más tendré que autoconvencerme de la necesidad de conservar ese trabajo anodino y simple en el que nunca pasa nada nuevo, un trabajo sin novedades, sin emociones, sin retos profesionales. Y lo peor, sin duda, no será enfrentarse un día más a una serie de actividades remuneradas económicamente pero sin recompensa espirutual alguna. Lo peor será una vez más enfrentarse a lo que viene después, pasar solo el resto del día, un maldito lunes más que me enseñará lo dura que es la vida de un cobarde, como si el fin de semana aislado de toda conexión con la realidad no fuese suficiente como para tener que soportar por enésima vez un cruel lunes asesino de almas débiles y corazones hipersensibilizados. Saber que al final del lunes solo habrá un martes, ni más ni menos, es suficientemente duro como para querer pensar en otra cosa.

Pero la verdad es que ya ni siquiera se si de verdad me importa vivir así. Creo que no. Porque la duda filosófica sobre si un árbol al caer en un bosque en el que no hay nadie hace ruido o no, se despeja de manera muy clarividente en mi cabeza, tanto que asusta. La respuesta es no, no hace ruido si nadie lo escucha. Si el árbol cae y no hay un par de oidos dispuestos a escuchar el golpe de la madera contra el suelo, no hay ruido, el árbol podria estar cayendo una y otra vez, hasta en mil ocasiones podría caer, que mientras no hay quien quiera escucharlo, no habrá ruido que se oiga. Tenemos el ejemplo más claro cada día a nuestro alrededor, en esta jungla de asfalto en la que vivimos, en la que cada día caen miles de personas y, a pesar de estar rodeados de gente, nadie los oye caer, son inaudibles para el resto del mundo porque a nadie le importa que hayan caido, nadie los escucha, están solos y por tanto no hacen ruido, por muy alto que sea el lugar desde el que caen. Y nos hacemos llamar humanidad. Es algo similar a lo que me ocurre con este blog, en el que no entra nadie, nadie me lee, luego tal vez yo ni quiera esté escribiendo, porque si nadie lee lo que escribo, puede que tal vez ni exista. Nadie me lee, salvo Nácar, que hasta me hizo un comentario, palabras simples pero que llenaron mi alma por unos minutos, porque supe que alguien me entiende y que alguien me lee.

Pero a pesar de todo el despertador sonará mañana y tendré que levantarme. Tendré que ducharme y vestirme, tendré que enfrentarme a mis demonios diarios. Y seguiré sin que nadie me de una respuestá a todos los por qués que me asaltan cada día, cada noche. Y después de un lunes maldito llegará un martes de oprovio, y luego un miércoles de ceniza y así hasta llegar al fin de semana aislado de toda conexión con la realidad al que seguirá un lunes de ira y el ciclo comience de nuevo. No hay salida, mientras no logre escapar de mi yo antiguo no podré salir de este desaliento cíclico. Las pesadillas seguirán ahí, durmiendo conmigo, porque sigo sin poder olvidar su sonrisa, sus caricias, su mirada luminosa. Y mientras todo eso siga ahí, perenne como mi propia alma, no habrá lugar al que escapar.