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| Antes de salir, con mi mayor fan |
Tenía ganas de que llegara el 8 de junio, de hacer el Desafío Pasiego y probarme en un trail con un buen desnivel. Y es que esta carrera que han organizado en San Roque de Riomiera (Cantabria) en un entrono precioso y en medio de varios puertos de montaña, fue como algo puesto en mi puerta por la providencia, me lo encontré y tras ver algunas fotos de la zona me dije: Pedro, tienes que hacerlo.
Un año después de correr mi primer trail de solo 6 Km y con miedo por ver como iba a reaccionar mi cuerpo, me vi preparado para afrontar algo así. Es cierto que viendo los 17 Km (que la final fueron casi 18) no impresiona mucho, pero los 2000 aproximados de desnivel acumulado eran otra cosa. Estaba claro que había que ir preparado, así que me planteé un calendario para ir poco a poco cogiendo forma y técnica para este desafío, nunca mejor dicho.
La primera impresión al llegar a San Roque fue de placer visual, y es que me encanta aquella zona, Asturias, Cantabria, el País Vasco... Esos paisajes son maravillosos y cada vez que me asomo por aquellas tierras vengo más enamorado. Pero esta vez había un plus, iba a correr por aquellas montañas. Porque si, ya he corrido por sierra y montaña, pero nada tienen que ver las del norte con las del centro de España. No digo que sean ni peores ni mejores, solo que son muy distintas.
Llegó el día y madrugué tanto que me planté en la plaza de San Roque a recoger el dorsal cuando apenas habían llegado la gente de la organización, así que tras dar una vuelta y reconocer el primer kilómetro de subida, dando tiempo a que montasen el chiringuito, recogí el dorsal y me volví para la casa en la que me alojaba. Me tumbé y dormí unos 15 minutos antes de salir para la carrera de nuevo.
La salida fue escalonada, como una contrarreloj ciclista pero en grupos. Un punto para la organización en este sentido, que previó el posible tapón que se podía formar en la escalera por la que se inicia el trail y supo evitarlo. Como acababa de reconocer esa zona me administré bien, reservé y esperé hasta una zona en la que pudiera apretar, dentro de mis límites que empiezo a conocer muy bien. La verdad es que la subida parecía que no iba a acabar nunca, pero como aquel paisaje era tan bonito, casi ni te das cuenta de lo que estás haciendo. El primer kilómetro fue muy lento, a 13'23, pero en el segundo ya me puse en marcha y fui soltando piernas, aunque la tónica iba a ser prácticamente esa en toda la carrera. Eso si, conforme las piernas iban entrando en calor, a pesar de la temperatura ambiente que era más bien baja para mis costumbres, me iba sintiendo mejor. Lo cierto es que la gente de esa zona controla la montaña mucho mejor que nosotros y yo sabía a lo que iba, así que me preocupaba más de administrarme físicamente y disfrutar el paisaje que de puestos o tiempos.
En los primeros cinco kilómetros se sucedían caminos de piedras sueltas y tierra, con terrenos verdes y mullidos. Hasta llegar al primer avituallamiento, bebí agua, comí tres pequeñas piezas de fruta y seguí, justo ahí una subida dura, estrecho sendero de piedras duras y grandes, zarzas que me arañaron las piernas por todas partes... Luego a seguir subiendo, tramos de asfalto, tramos de piedras, tramos de cemento y mucha pendiente, de vez en cuando alguna bajada que permitía aumentar el ritmo medio y descansar, a veces a muy buena velocidad, aunque en tramos cortos y volver a subir. Así hasta llegar a la zona más alta, sobre el Km 9'5. Ahí empezó a aparecer la niebla, cada vez más intensa conforme subíamos.
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| Antes de llegar al punto más alto |
Pasando el Km 9 la niebla era absoluta, el pecho de la camiseta, húmedo del sudor, se me escarchó, aunque no tenía frío. Los de delante se habían marchado hace mucho y los de detrás no me alcanzaban aún, así que me quedé solo, muy atento a balizas y señales porque ahí no podía ya seguir a nadie. Entonces, pasando una puerta de un campo de ganado, un largo camino en el que la niebla apenas dejaba ver un par de metros más adelante, llegó a pasarse por mi mente que me había perdido, pero era improbable. Hasta que apreció un gran Toyota cuyo conductor me dijo que en dos kilómetros estaba el puesto de la organización para indicarnos un nuevo desvío. Así fue, "hacia arriba" me dijo cuando llegué a él. Otra vez.
Y llegamos al techo del mundo y a un nuevo avituallamiento, donde esta vez paré solo a beber y, aunque llevaba agua, más por respirar y hacerme a la idea de lo que aún quedaba. He de reconocer que la gente de los puestos de avituallamiento y control eran todos de lo más agradable y entregados a "la causa". A partir de ahí a bajar.
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| Así acabó el dorsal al final de la carrera |
Una bajada vertiginosa. Caminos con grandes piedras otra vez, pero ahora mezcladas con cieno negro que traté de evitar hasta que me fue imposible. La primera vez "plas", agua y barro por todos lados, la segunda... El pié derecho entró en el cieno como un cuchillo en la mantequilla, pero atrapó la zapatilla. Me quedé descalzo de un pié y la zapatilla no quería salir, me costó un par de minutos, tal vez más, sacarla, minutos en los que, aprovechando la bajada y la experiencia, me adelantaron varios corredores, no sin dejar de preocuparse por mi al verme de rodillas en el barro. La saqué y me la calcé para seguir, pero unos metros más delante tuve que parar y quitármela, habían entrado piedras y barro que me destrozaban los dedos a cada zancada. Con las manos, los pies y buena parte de la equipación negras de lodo, pude seguir bajando, a buena marcha, llegué a ponerme a 3'45 min/Km y la adrenalina ya era imparable... Hasta llegar al avituallamiento final en el que aproveché para limpiarme las manos del lodo y seguir.
Una última subida y la bajada final, muy técnica, concluyendo con las escaleras que terminaban en la plaza y paso por el arco de meta de Decathlón. Al final 02:38:11 y 26º de mi categoría, se me había ido casi 40 minutos de lo que había previsto. Pero sobre todo, muy contento por el precioso circuito diseñado por la organización, la gente con la que me crucé, los paisajes que me envolvieron y haber corrido, por primera vez, en ese maravilloso norte de España.





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