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La necesidad de entrenar en sala para correr

Con la vista puesta ya en mi reto más próximo, que será el Trail Puerta del Infierno, en la serranía conquense, sigo entrenando para poder acabar cada una de mis carreras con las mejores sensaciones posibles, que es mi principal objetivo.

Aunque por lo general, en los últimos meses mis fotos en las redes sociales suelen mayoritariamente de entrenamientos corriendo (tiradas largas, series, etc), lo cierto es que paso más horas entrenando en la sala. Puede parecer que le quito horas de entrenamiento a la carrera y que dejo de sumar kilómetros que es lo importante, sin embargo cada vez que entro a la sala del gimnasio, también entreno para la carrera, porque entrenar la velocidad, el fondo, es importante, pero no lo es menos entrenar la fuerza y la potencia, porque un buen "armazón" muscular es fundamental. Los ejerciciosen el gimnasio que el corredor tiene que desarrollar, aportan mucho para progresar en su entrenamiento y correr más rápido y sin lesiones.

Cuando lo que queremos es mejorar nuestra resitencia, hay que trabajar la fuerza en el gimnasio necesariamente. Creo que todos entendemos que si entrenamos siempre igual, nuestros resultados en la carrera siempre serán los mismos (más o menos). Cuando nuestro cuerpo haya llegado a su máximo, su techo fisiológico como lo llama la revista SportLife, es difícil aumentar con el mismo estímulo siempre.

Además en mi caso, y en el de cada día más corredoras y corredores que nos declinamos por el trail, fortalecer la musculatura de nuestras piernas y estabilizar bien el coro es fundamental, debido a que el terreno por el que corremos es muy inestable (piedras sueltas, barro, tierra...) y cualquier movimiento en falso puede derivar en una lesión. Así que cuanto más fuertes estemos, cunato mejor preparada esté nuestra musculatura, mejor asumiremos los movimientos peligrosos, los goles, las torceduras y otros peligros latentes en una carrera.

¿Cómo entrenamos en la sala? Bueno, a esto solo os puede responder un profesional para que vuestro entrenamiento sea efectivo y adecuado a cada persona. Hay muchos sitios web, videos, tutoriales y demás en internet dónde podéis encontrar planes de entrenamiento en sala para runners, pero lo mejor será sin duda acudir a un buen centro deportivo y consultar con un entrenador profesional.

Un trail y una media maratón en 7 días

En dos semanas he corrido dos carreras muy distintas y ambas bastante exigentes: un trail corto y una media maratón urbana

Cruzando la meta en el Trail Luciana-Horcavacas
El domingo 29 de septiembre me desplazaba hasta la bella población de Luciana, en la provincia de Ciudad Real, para hacer la modalidad corta del trail Luciana-Horcavacas, con 14 Km de distancia y 1000 metros de desnivel acumulado. El entorno por el que trasncurre esta carrera es relamente bonito y Luciana un pueblo en la rivera del Bullaque que merece la pena ver (además tiene varias rutas para hacer senderismo muy interesantes). 

Lo disfruté mucho, aunque cometí el error de meter dos pequeños bidones en el chaleco trail que no eran los adecuados y empezaron a molestar botando y molestándome a cada zancada, vi un primer puesto de la organziación en el Km 2 y allí se los dejé quedándome sin agua en un día que acabó siendo muy caluroso y acusé ese error, aunque los abituallamientos eran suficientes y bien surtidos de agua, dulces y futa; sin embargo el deshacerme del agua me obligó a adecuarme a ellos, cuando normalmente suelo distribuirme mi propio agua según lo va pidiendo el cuerpo. La temperatura, que subió hasta los 30ºC me hacía llegar bastante al límite a los abituallamientos. 

Aún así me adapté y lo terminé sin mayores problemas. La primera subida grande te deja en tu sitio, luego llega la subida a la "pedriza", un ascenso por una colina a través de un mar de piedras sueltas que hace muy difícil correr sin poner en peligro tus tobillos, todo ello con el sol ya apretando bien, con grandes vistas del barranco de Horcavacas. Una vez pasado lo peor, llega el descenso, prácticamente son 5 Km bajando en los que se puede recuperar mucho del tiempo invertido en la subida. Atravesé la línea de meta algo deshidaratado, pero contento, con muy buenas sensaciones, con un tiempo de 1:40:38 y en el puesto 42º de la general con 123 participantes.

Siete días después cambio de formato y vuelvo al urbano para hacer la XXIII Media Maratón de Alcázar, donde llegaba sabiéndome bien preparado y con fondo, aunque con dudas sobre el estado de mis piernas, que tenía algo caragadas tras el trail de Luciana. Arranqué con mucha precaución, no quería arriesgar nada hasta verme unos kilómetros en marcha y empecé con un ritmo flojito, cercano a los 6 minutos el Km, esta vez solo quería saberme capaz de terminar sin molestias. Pero conforme avanzaba me vi bien, fuerte, y casi sin querer me puse a 5 sin problemas,así que viéndome capaz de seguir así tanteé unos kilómetros más, terminé la priemra vuelta llegando al punto de los 10K con un tiempo de 48:28, que suele ser en el que hago los "diezmiles", y me sentía perfectamente, sin fatigas, sin molestias, bastante entero, así que decidí mantener ese ritmo y ver qué pasaba. La segunda vuelta, más por una cuestión psoclógica que otra cosa diría yo, fue más pesada, pero me mantuve en ese ritmo. Llegué a pensar en bajar mi mejor tiempo en una media maratón, que está en 1:46, si seguía así. Pero no fui capaz, a partir del Km 17 cada paso empezaba a pesar, no tanto como en ediciones anteriroes, pero me vi obligado a bajar un poco el ritmo en algunos tramos para dosificar.

Al final llegué al kilómetro final con fuerzas incluso para hacer un pequeño sprint y curzar la línea de meta con un tiempo de 1:46:59, puesto 91 de mi categoría y en la mitad de la general, con lo que me doy bastante por satisfecho y sobre todo me quedo con las buenas sensaciones al final, sin una mala molestia muscular ni de ningún tipo, con fondo y contento de haber terminado mi cuarta media maratón urbana.

Emocionante Desafío Pasiego

Antes de salir, con mi mayor fan
Tenía ganas de que llegara el 8 de junio, de hacer el Desafío Pasiego y probarme en un trail con un buen desnivel. Y es que esta carrera que han organizado en San Roque de Riomiera (Cantabria) en un entrono precioso y en medio de varios puertos de montaña, fue como algo puesto en mi puerta por la providencia, me lo encontré y tras ver algunas fotos de la zona me dije: Pedro, tienes que hacerlo.

Un año después de correr mi primer trail de solo 6 Km y con miedo por ver como iba a reaccionar mi cuerpo, me vi preparado para afrontar algo así. Es cierto que viendo los 17 Km (que la final fueron casi 18) no impresiona mucho, pero los 2000 aproximados de desnivel acumulado eran otra cosa. Estaba claro que había que ir preparado, así que me planteé un calendario para ir poco a poco cogiendo forma y técnica para este desafío, nunca mejor dicho.

La primera impresión al llegar a San Roque fue de placer visual, y es que me encanta aquella zona, Asturias, Cantabria, el País Vasco... Esos paisajes son maravillosos y cada vez que me asomo por aquellas tierras vengo más enamorado. Pero esta vez había un plus, iba a correr por aquellas montañas. Porque si, ya he corrido por sierra y montaña, pero nada tienen que ver las del norte con las del centro de España. No digo que sean ni peores ni mejores, solo que son muy distintas.

Llegó el día y madrugué tanto que me planté en la plaza de San Roque a recoger el dorsal cuando apenas habían llegado la gente de la organización, así que tras dar una vuelta y reconocer el primer kilómetro de subida, dando tiempo a que montasen el chiringuito, recogí el dorsal y me volví para la casa en la que me alojaba. Me tumbé y dormí unos 15 minutos antes de salir para la carrera de nuevo.

La salida fue escalonada, como una contrarreloj ciclista pero en grupos. Un punto para la organización en este sentido, que previó el posible tapón que se podía formar en la escalera por la que se inicia el trail y supo evitarlo. Como acababa de reconocer esa zona me administré bien, reservé y esperé hasta una zona en la que pudiera apretar, dentro de mis límites que empiezo a conocer muy bien. La verdad es que la subida parecía que no iba a acabar nunca, pero como aquel paisaje era tan bonito, casi ni te das cuenta de lo que estás haciendo. El primer kilómetro fue muy lento, a 13'23, pero en el segundo ya me puse en marcha y fui soltando piernas, aunque la tónica iba a ser prácticamente  esa en toda la carrera. Eso si, conforme las piernas iban entrando en calor, a pesar de la temperatura ambiente que era más bien baja para mis costumbres, me iba sintiendo mejor. Lo cierto es que la gente de esa zona controla la montaña mucho mejor que nosotros y yo sabía a lo que iba, así que me preocupaba más de administrarme físicamente y disfrutar el paisaje que de puestos o tiempos.

En los primeros cinco kilómetros se sucedían caminos de piedras sueltas y tierra, con terrenos verdes y mullidos. Hasta llegar al primer avituallamiento, bebí agua, comí tres pequeñas piezas de fruta y seguí, justo ahí una subida dura, estrecho sendero de piedras duras y grandes, zarzas que me arañaron las piernas por todas partes... Luego a seguir subiendo, tramos de asfalto, tramos de piedras, tramos de cemento y mucha pendiente, de vez en cuando alguna bajada que permitía aumentar el ritmo medio y descansar, a veces a muy buena velocidad, aunque en tramos cortos y volver a subir. Así hasta llegar a la zona más alta, sobre el Km 9'5. Ahí empezó a aparecer la niebla, cada vez más intensa conforme subíamos.

Antes de llegar al punto más alto
Pasando el Km 9 la niebla era absoluta, el pecho de la camiseta, húmedo del sudor, se me escarchó, aunque no tenía frío. Los de delante se habían marchado hace mucho y los de detrás no me alcanzaban aún, así que me quedé solo, muy atento a balizas y señales porque ahí no podía ya seguir a nadie. Entonces, pasando una puerta de un campo de ganado, un largo camino en el que la niebla apenas dejaba ver un par de metros más adelante, llegó a pasarse por mi mente que me había perdido, pero era improbable. Hasta que apreció un gran Toyota cuyo conductor me dijo que en dos kilómetros estaba el puesto de la organización para indicarnos un nuevo desvío. Así fue, "hacia arriba" me dijo cuando llegué a él. Otra vez.

Y llegamos al techo del mundo y a un nuevo avituallamiento, donde esta vez paré solo a beber y, aunque llevaba agua, más por respirar y hacerme a la idea de lo que aún quedaba. He de reconocer que la gente de los puestos de avituallamiento y control eran todos de lo más agradable y entregados a "la causa". A partir de ahí a bajar.

Así acabó el dorsal al final de la carrera
Una bajada vertiginosa. Caminos con grandes piedras otra vez, pero ahora mezcladas con cieno negro que traté de evitar hasta que me fue imposible. La primera vez "plas", agua y barro por todos lados, la segunda... El pié derecho entró en el cieno como un cuchillo en la mantequilla, pero atrapó la zapatilla. Me quedé descalzo de un pié y la zapatilla no quería salir, me costó un par de minutos, tal vez más, sacarla, minutos en los que, aprovechando la bajada y la experiencia, me adelantaron varios corredores, no sin dejar de preocuparse por mi al verme de rodillas en el barro. La saqué y me la calcé para seguir, pero unos metros más delante tuve que parar y quitármela, habían entrado piedras y barro que me destrozaban los dedos a cada zancada. Con las manos, los pies y buena parte de la equipación negras de lodo, pude seguir bajando, a buena marcha, llegué a ponerme a 3'45 min/Km y la adrenalina ya era imparable... Hasta llegar al avituallamiento final en el que aproveché para limpiarme las manos del lodo y seguir. 

Una última subida y la bajada final, muy técnica, concluyendo con las escaleras que terminaban en la plaza y paso por el arco de meta de Decathlón. Al final 02:38:11 y 26º de mi categoría, se me había ido casi 40 minutos de lo que había previsto. Pero sobre todo, muy contento por el precioso circuito diseñado por la organización, la gente con la que me crucé, los paisajes que me envolvieron y haber corrido, por primera vez, en ese maravilloso norte de España.