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Regreso al presente

Pues después de tres años sin escribir nada por aquí, retomo el blog para contaros que parece que he vuelto a las carreras, no al ritmo que lo dejé en su día, pero si, "papí ha vuelto".

Después de la gran decepción de la Media Maratón Rock & Roll de Madrid, en 2021 tras el confinamiento, en la que corrí sin estar lo suficientemente preparado y acabé medio muerto, lo volví a dejar, no podía más, estuve a punto de romperme, quizá debí abandonar y no terminarla, pero me pudo el orgullo. Un año y medio después hice la San Silvestre Toledana y lo cierto es que me salió bastante bien, pero reconozco que tampoco me la había preparado, eso si, solo eran 8 Km y es una carrera que me gusta mucho, eso ayuda. A partir de ahí mucha irregularidad en los entrenamientos, con ausencias de entrenamiento de uno o dos meses para volver y entrenar unos días, dejarlo de nuevo, etc. Para 2023, a pesar de estar inscrito en la San Silvestre Toledana, opté por no correrla, las fiestas ayudaron a tomar la decisión, pero lo cierto es que tampoco había entrenado nada.

Este año lo empecé en enero, eso si, con una carrera muy bonita, la de Las Paces, en Villarta de San Juan. Son 10'5 Km que habitualmente hacía en 47-48 minutos pero que este año me costó una hora exacta poder terminarla. El caso es que ese ha sido el inicio, llevo estos 5 meses del año entrenando; al principio poco, en abril bastante, especialmente si lo comparo con los últimos años. Y además estoy entrenando subiendo un día cada semana a los molinos de Alcázar y con una mejor frecuencia.

¿Y todo esto para qué? Pues como sabéis, a mi lo que me gusta de verdad son las carreras de montaña, distancias cortas, si, pero en montaña. Así que he decidido volver a ellas de manera paulatina y con mucha cautela, para no romperme por ansia. De modo que el día 19 de mayo volveré a hacer esa carrera de montaña en la que debuté, me he inscrito en el tramo más corto, los 7K, porque necesito testarme en competición y ver cómo voy. Si, la semana que viene correré el Monttrail de Toledo, en Los Yébenes, repito en la carrera en la que debuté en montaña hace 6 años y en la que conseguí mi primer y único podio como corredor. En aquella ocasión fui 3º de mi categoría y aunque no llego en la misma forma física que entonces ni con la misma edad, sé que voy a hacerla con muchas ganas e ilusión y que, aunque no me subiré al podio en esta ocasión, seguro que la disfruto tanto o quizás más que en 2018.

Ya os iré contando por aquí.

Emocionante Desafío Pasiego

Antes de salir, con mi mayor fan
Tenía ganas de que llegara el 8 de junio, de hacer el Desafío Pasiego y probarme en un trail con un buen desnivel. Y es que esta carrera que han organizado en San Roque de Riomiera (Cantabria) en un entrono precioso y en medio de varios puertos de montaña, fue como algo puesto en mi puerta por la providencia, me lo encontré y tras ver algunas fotos de la zona me dije: Pedro, tienes que hacerlo.

Un año después de correr mi primer trail de solo 6 Km y con miedo por ver como iba a reaccionar mi cuerpo, me vi preparado para afrontar algo así. Es cierto que viendo los 17 Km (que la final fueron casi 18) no impresiona mucho, pero los 2000 aproximados de desnivel acumulado eran otra cosa. Estaba claro que había que ir preparado, así que me planteé un calendario para ir poco a poco cogiendo forma y técnica para este desafío, nunca mejor dicho.

La primera impresión al llegar a San Roque fue de placer visual, y es que me encanta aquella zona, Asturias, Cantabria, el País Vasco... Esos paisajes son maravillosos y cada vez que me asomo por aquellas tierras vengo más enamorado. Pero esta vez había un plus, iba a correr por aquellas montañas. Porque si, ya he corrido por sierra y montaña, pero nada tienen que ver las del norte con las del centro de España. No digo que sean ni peores ni mejores, solo que son muy distintas.

Llegó el día y madrugué tanto que me planté en la plaza de San Roque a recoger el dorsal cuando apenas habían llegado la gente de la organización, así que tras dar una vuelta y reconocer el primer kilómetro de subida, dando tiempo a que montasen el chiringuito, recogí el dorsal y me volví para la casa en la que me alojaba. Me tumbé y dormí unos 15 minutos antes de salir para la carrera de nuevo.

La salida fue escalonada, como una contrarreloj ciclista pero en grupos. Un punto para la organización en este sentido, que previó el posible tapón que se podía formar en la escalera por la que se inicia el trail y supo evitarlo. Como acababa de reconocer esa zona me administré bien, reservé y esperé hasta una zona en la que pudiera apretar, dentro de mis límites que empiezo a conocer muy bien. La verdad es que la subida parecía que no iba a acabar nunca, pero como aquel paisaje era tan bonito, casi ni te das cuenta de lo que estás haciendo. El primer kilómetro fue muy lento, a 13'23, pero en el segundo ya me puse en marcha y fui soltando piernas, aunque la tónica iba a ser prácticamente  esa en toda la carrera. Eso si, conforme las piernas iban entrando en calor, a pesar de la temperatura ambiente que era más bien baja para mis costumbres, me iba sintiendo mejor. Lo cierto es que la gente de esa zona controla la montaña mucho mejor que nosotros y yo sabía a lo que iba, así que me preocupaba más de administrarme físicamente y disfrutar el paisaje que de puestos o tiempos.

En los primeros cinco kilómetros se sucedían caminos de piedras sueltas y tierra, con terrenos verdes y mullidos. Hasta llegar al primer avituallamiento, bebí agua, comí tres pequeñas piezas de fruta y seguí, justo ahí una subida dura, estrecho sendero de piedras duras y grandes, zarzas que me arañaron las piernas por todas partes... Luego a seguir subiendo, tramos de asfalto, tramos de piedras, tramos de cemento y mucha pendiente, de vez en cuando alguna bajada que permitía aumentar el ritmo medio y descansar, a veces a muy buena velocidad, aunque en tramos cortos y volver a subir. Así hasta llegar a la zona más alta, sobre el Km 9'5. Ahí empezó a aparecer la niebla, cada vez más intensa conforme subíamos.

Antes de llegar al punto más alto
Pasando el Km 9 la niebla era absoluta, el pecho de la camiseta, húmedo del sudor, se me escarchó, aunque no tenía frío. Los de delante se habían marchado hace mucho y los de detrás no me alcanzaban aún, así que me quedé solo, muy atento a balizas y señales porque ahí no podía ya seguir a nadie. Entonces, pasando una puerta de un campo de ganado, un largo camino en el que la niebla apenas dejaba ver un par de metros más adelante, llegó a pasarse por mi mente que me había perdido, pero era improbable. Hasta que apreció un gran Toyota cuyo conductor me dijo que en dos kilómetros estaba el puesto de la organización para indicarnos un nuevo desvío. Así fue, "hacia arriba" me dijo cuando llegué a él. Otra vez.

Y llegamos al techo del mundo y a un nuevo avituallamiento, donde esta vez paré solo a beber y, aunque llevaba agua, más por respirar y hacerme a la idea de lo que aún quedaba. He de reconocer que la gente de los puestos de avituallamiento y control eran todos de lo más agradable y entregados a "la causa". A partir de ahí a bajar.

Así acabó el dorsal al final de la carrera
Una bajada vertiginosa. Caminos con grandes piedras otra vez, pero ahora mezcladas con cieno negro que traté de evitar hasta que me fue imposible. La primera vez "plas", agua y barro por todos lados, la segunda... El pié derecho entró en el cieno como un cuchillo en la mantequilla, pero atrapó la zapatilla. Me quedé descalzo de un pié y la zapatilla no quería salir, me costó un par de minutos, tal vez más, sacarla, minutos en los que, aprovechando la bajada y la experiencia, me adelantaron varios corredores, no sin dejar de preocuparse por mi al verme de rodillas en el barro. La saqué y me la calcé para seguir, pero unos metros más delante tuve que parar y quitármela, habían entrado piedras y barro que me destrozaban los dedos a cada zancada. Con las manos, los pies y buena parte de la equipación negras de lodo, pude seguir bajando, a buena marcha, llegué a ponerme a 3'45 min/Km y la adrenalina ya era imparable... Hasta llegar al avituallamiento final en el que aproveché para limpiarme las manos del lodo y seguir. 

Una última subida y la bajada final, muy técnica, concluyendo con las escaleras que terminaban en la plaza y paso por el arco de meta de Decathlón. Al final 02:38:11 y 26º de mi categoría, se me había ido casi 40 minutos de lo que había previsto. Pero sobre todo, muy contento por el precioso circuito diseñado por la organización, la gente con la que me crucé, los paisajes que me envolvieron y haber corrido, por primera vez, en ese maravilloso norte de España. 

Regreso al MontTrail

El pasado día 19 de mayo regresaba al MontTrail de Toledo, que se celebra en Los Yébenes, una prueba en la que debuté en esta modalidad hace justo un año, aunque en aquella ocasión en la distancia de 6K logrando subirme al podio como 3º en mi categoría. Este año ya he aprtidipado en una prueba más larga, con 16'4 Km.

En este año he recorrido muchos lugares cercanos a mi Alcázar de San juan probando estas carreras de montaña y descubriendo un mundo nuevo que me ha encantado, me va a costar mucho volver al duro y frío asfalto una vez que se lo que es trail.

En esta ocasión la carrera la disfruté mucho, aunque hubo momentos de flaqueza y hubo que tirar de coco para seguir adelante, porque físicamente estaba bien. Los 9 primeros kilómetros de ascenso continuo, con pequeñas bajadas para volver a subir, recordándote lo alto que está la antena de los Yébenes. Así hasta que de repente parecía que empezaban las bajadas, y las hubo vertiginosas donde pude correr y recuperar los metros que me habían sacado muchos corredores en el ascenso porque, he de reconocerlo, bajar no se me da mal. En esta ocasión las piernas no fallaron, llegaba mejor preparado y me dosifiqué mejor. Pero las bajadas no eran para siempre, el tramo final, los 3 ó 4 kilómetros finales fueron de subida con un porcentaje muy alto de pendiente que ahora mismo no sabría decir, pero que en ese momento se me hacían del 100%.

Al final una bajada muy rápida que daba a la calle final del recorrido en esa entrada a meta con una curva de 90 grados y un pasillo que te deja claro que es la meta de una gran carrera. Muy difícil perderse, con una buenísima señalización y mucha gente de la organización atenta a los corredores. Terminé el 27º de mi categoría a un ritmo de 7:04, que supone bajarlo considerablemente con respecto de mi anterior trail, unas buenísimas sensaciones y una recuperación rapidísima.

Gracias, MontTrail, por esta carrera tan bonita y bien organziada.

IV Trofeo Nacional Trail Cerro de Santa Brígida

Con la campeona Alba Reguillo antes de la salida
Este sábado, día de reflexión en España, me desplacé hasta Almodóvar del Campo, para participar en el IV Trofeo Nacional Trail Cerro de Santa Brígida. Una carrera muy bonita que, además me servía para dar un pequeño salto en las distancias de mis carreras de montaña. Hasta ahora mi mayor distancia ha sido la media maratón, pero urbana, en trail había corrido una carrera de 17 Km, pero lo cierto es que era bastante llana y con un desnivel mínimo en el Trail de los Humedales Manchegos. Esta vez daba el salto a los 15 kilómetros con desnivel y en montaña.

La verdad es que fue un recorrido que me resultó sencillo para completar, pero no para "competir", sigue faltándome fondo y entrenamiento en desnivel, algo que me  cuesta encontrar en la zona en que vivo a la hora de entrenar, pero acabé bastante contento porque logré superar al único corredor que pretendía ganar, que era a mi mismo. Con un recorrido precioso, atravesando la montaña por sendas bordeadas de jara, perfumadas con el aroma a lavanda, con toda esa vegetación recién florecida por las abundantes lluvias de los días anteriores, aunque en la carrera hizo un sol de justicia paliado, eso si, por una suave brisa fresca que corría por el entorno. Además buena parte de los tramos quedaban a la sombra, lo que también se agradecía.

El mayor handicap de esta prueba son las bajadas, muy pronunciadas, con el terreno suelto, piedras y tierra, y muy poco "domadas" por el paso del hombre. Si en las subidas había que andar o bajar mucho el ritmo, por lo pronunciadas y duras que eran, las bajadas eran toda una gozada para compensar el ritmo medio y coger velocidad, aunque siempre controlando mucho dónde y cómo plantaba el pie, precisamente por lo antes mencionado. 

Lo pero llegó en los últimos kilómetros, pasando los 12 empecé a notar las piernas cansadas, noté ahí que era mi primer 15K y me pesaban, eso provocó que tropezara un par de veces bajando, debido a que el cansancio me impedía levantar lo pies adecuadamente, así que eché cabeza y aunque me hubiera gustado correr más, decidí bajar la velocidad para no acabar en el suelo. Entré a meta y me encontré a Alba Reguillo esperándome, mi entrenadora de sala y la persona que me animó a empezar en esta locura. Por cierto, ella fue la ganadora femenina de la prueba, para que veáis el nivel de las manos en las que me pongo para entrenar.

CUANDO ASCIENDES CON LA MENTE ABIERTA

Primero fue un largo camino que no tenía una meta clara, hasta que empecé a creer en la meta, luego una meta que se disipaba cuando al fin la alcancé… Y en ese momento empezó a enturbiarse, no llovía, no había niebla, pero la meta apenas si se vislumbraba, y la desesperación se apoderó de mi.

Fueron momentos tristes, desesperados, agónicos, ante una montaña que se me antojaba inescalable a pesar de haber sido capaz de llegar hasta ella. Los ojos se me enturbiaron y apenas si podía ver el amplio valle que se abría ante mi, luego empecé a oír truenos diabólicos que amenazaron con traer la mayor de las tormentas nunca antes vista con la que una enorme tromba de agua traería una gigantesca riada que arrastrando todo cuanto se encontrase a su paso por la ladera anegase el valle en el que yo, sin remedio, me ahogaría.

Pero nada de eso estaba pasando, yo había llegado al valle, había plantado mi campamento y… ¡ya! No había llegado a la cima aun, era cierto, pero tampoco había nubes, ni lluvia, ni riada, ni si quiera aquella montaña era tan inexpugnable, solo era miedo, miedo a perder la ocasión de hacer algo que nunca había hecho. Así, me puse de pie, agarré mi piqueta y me calcé los crampones, di el primer paso y me decidí a llegar a aquella cima con la que cada noche, desde hacía años, soñaba en la soledad de mi cama.

Cuando llegué arriba, porque llegaré, os mandaré una postal dándoos las gracias a todos, a los que me animasteis a subir por haberlo hecho, a los que nunca supisteis que este era mi sueño por no haber molestado y al resto por haberme demostrado que los sueños existen también en este plano de la realidad.