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PENSANDO EN LO QUE PUDO HABER SIDO Y NO FUE.

Ya me resulta pesado seguir con este tipo de sentimientos en mi corazón, en mi alma o simplemente en mi cabeza. Empiezo a estar harto de este tipo de sentimientos apareciendo continuamente sobre si aquello hubiera sido así en vez de de esa otra manera, o si en lugar de aquello hubiera hecho eso otro. Ya no se qué más podría haber hecho o dejar de hacer, qué dije mal o en qué me equivoqué, ya estoy cansado de buscar qué parte de mi fue la culpable, de si lo que me dijeron en aquella ocasión fue cierto o más bien lo fue eso otro, todo lo contrario, que me dijeron luego después. Ya me abruma tanto pensamiento en busca de respuestas a preguntas que nunca hice. Creo que es hora de replantearse las cosas.

Y si simplemente no hay que buscar el amor, porque ya empiezo a dudar de que realmente eso exista, y lo que realmente debemos hacer para ser felices es conformarse con que alguien te quiera. Que alguien te de cariño, te abrace por las noches cuando todo ha salido mal en el trabajo, en la calle… pero luego podemos contar con que alguien esté ahí, dispuesto a darnos el abrazo que necesitamos muchas veces cuando llegamos a casa, tan vacía y triste, mientras tu solo puedes llorar en silencio en medio de una soledad feroz que destruye cada día un poco más las esperanzas de encontrar ese amor que nadie ha querido nunca darte. Tal vez tenga que conformarme con el cariño de una persona tan sola como yo que lo único que desea es eso mismo que buscamos muchas veces en forma de amor, cuando en realidad nada de eso existe, son solo engaños, argucias comerciales o psicológicas para tratar de explicar algo sin explicación, porque en este mundo todo ha de ser científicamente explicado, hasta el amor. Por eso hablamos de química, de sentimientos únicos, de flechazos, de momentos irrepetibles, cuando en realidad solo estamos hablando de algo tan simple como un mero intercambio de sentimientos. Yo te abrazo y tu me abrazas. Solo eso.

Por qué esperar toda una vida algo cuya inexistencia es matemáticamente demostrable, por qué creemos en algo que la experiencia estadística nos repite a diario que solo un 1% logra. Necesitamos creer, y nos inventamos la gran mentira del amor, queremos que exista y le damos explicaciones psicológicas, sociológicas e incluso científicas, pero en el fondo de nuestro corazón sabemos que no existe el amor. Las parejas se rompen, otras nunca llegan a serlo, algunas personas mueren solas y olvidadas, los menos viven hasta su ocaso en pareja, pero casi siempre en una comunión de respeto más que de atracción en sus últimos días. No hay ni un solo dato fehaciente que pueda demostrarnos que el amor existe tal y como lo queremos concebir.

Pero si existe el amor entre iguales, el respeto entre personas, el cariño por quienes nos hacen sentir bien. Eso existe y cada día lo vemos cuando comprobamos como hay quienes donan su sangre para que otros vivan, cuando vemos partir a voluntarios a los confines del mundo para ayudar a quienes Dios olvidó, cuando oímos en las noticias que alguien arriesgó su vida para salvar a un desconocido. Eso son pruebas de que existe el amor, no el de pareja, no ese en el que los adolescentes creen cuando se acuestan por primera vez con otra persona, sino un amor mucho más poderoso, incapaz de transformarse en odio, imposible de obviar, duradero y productivo. El amor existe entre iguales y podemos transformarlo en un mero intercambio de sentimientos, de necesidades. Tu me abrazas y yo te abrazo. ¿Qué importa si no sentimos hormigas en el ombligo? Necesito sentirme querido, da igual si me aman, solo quiero que me quieran. Hay que replantearse muchas cosas para lograr la felicidad y yo estoy dispuesto a hacerlo.

MERECE LA PENA.

El viaje de ida fue maravilloso, pero el de vuelta ha sido un poco extraña. He llevado todo el camino los ojos empapados en lágrimas y aun no se muy bien por qué. Sabía que había preguntas que nunca debí hacer, las respuestas no me iban a gustar, lo sabía, pero mi curiosidad tuvo que ser más fuerte que mi prudencia una vez más. "Porque no estoy enamorada", esas cuatro palabras lapidarias, casi hirientes, cayeron sobre mi como una losa, hubiera esperado cualquier otra razón, pero no esa. En las cuatro horas de viaje de regreso me he preguntado varias veces si merece la pena querer a alguien que dice no estar enmorada pero que aun así te hace sentir la persona más amada del mundo. Me he contestado a mi mismo que no, que solo servirá para hacerme daño... una vez más. Luego me he vuelto a contestar que si, que da igual si dice que está o no enamorada, que lo importante es lo feliz que me siento a su lado, que lo que importa es sentir su piel, mirar sus ojos de cerca, lo que importa es que me trata como nunca nadie me ha tratado. No entiendo cómo puede ser así conmigo cuando dice no estar enamorada, hubo otras que nunca me trataron así y me juraron estar locas de amor. Pero no me importan las respuestas, porque son solo palabras, los sentimientos son mucho más fuertes, mucho más intensos. Me hace sentir amado, me hace pisar nubes, realmente ¿importa tanto si dice que no está enamorada?
No se cuanto durará esta historia, pero tampoco voy a preguntarme hasta cuando, porque es otra de esas preguntas de las que no quiero escuchar la respuesta.
Porque no estoy enamorada...
Esos suspiros cuando me abraza, esas miradas llenas de luz, esos nervios cuando estoy a su lado... ¿No es eso amor? Ella dice que no, ¿quién soy yo para discutírselo? Pero sigo pensando que si lo es, sigo pensando que aunque sea poco, algo tiene que amarme, o quererme, me da igual como lo quiera llamar. No se puede abrazar como ella me abraza, no se puede mirar como ella me mira, no se puede hacer sentir como ella me hace sentir si no amas a quien se lo haces. Es imposible. Pero ella dice que no está enamorada ¿quién soy yo para discutírselo?
Yo si que estoy enamorado, ahora lo se seguro, lo veo claro como la luz, he llorado toda la noche. Tumbado a su lado, mientras ella dormía, yo he pasado la noche en vela, llorando, derramando lágrimas que me recorrían la cara pensando en esas cuatro palabras... Sintiendo su aliento en la cara, cogiéndo su mano entre las mías, acariciando sus pies con los míos, he llorado, no se si de tristeza o de amor, pero he llorado mucho y aun me han quedado lágrimas para derramar mientras conducía de camino a casa. Y después de una noche en vela y un viaje con lluvia salada en mis ojos, después de todo eso, me he dado cuenta de que no importa si está enamorada de mi o no, a mi me da igual, me basta con lo que me da, con lo que me hace sentir. Lo que verdderamente importa es cuanto tiempo estará dispuesta a seguir dándome todo eso sin estar enamorada de mi. La quiero demasiado como para dejar de verla, la quiero demasiado como para permitirme una acción de despecho, la necesito en mi vida aunque esas cuatro palabras resuenen en mi cerebro el resto de mis días. Tal vez algún día solo sean tres palabras las que me diga, tal vez algún día el no quede desterrado de esa frase, tal vez algún día...