Hay veces en mi vida que me doy cuenta de cosas que he hecho que nunca jamás me habría imaginado haciendo en otra época de mi vida. Por ejemplo, jamás me habría imaginado enviándo flores, o cambiando turnos de trabajo para acudir como el rayo a una cita un día determinado. Jamás me hubiera imaginado deambulando como un tonto por mi casa pensando en si "me llama o no me llama"...
La verdad es que muchas de esas cosas que los demás hacen y sienten en su adolescencia, las estoy experimentando yo ahora, en mi camino a la madurez. No es por falta de ocasiones anteriores, pero en aquella época nunca me interesó todo eso, tenía cosas mejores en que pensar o en qué emplear mi tiempo, mi preciado tiempo. O tal vez, puede que solo sea que nadie antes supo despertar en mi esa faceta que ahora resucita con cada llamada suya, con cada noticia que tengo de ella, por pequeña que sea. Creo que la empiezo a querer, tal vez más de lo que debería, pero no puedo evitarlo, ha entrado en mi corazón como un verdadero vendabal y contra esas fuerzas de la naturaleza poco puede hacer el hombre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario