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¡Corro por mi vida!

En junio del año pasado mi monitora de fitness, Alba Reguillo, me porpuso un reto (o una meta) que era prepararme una carrera, yo acepté y nos fijamos un 10.000 m. para el 15 de agosto. Me preparé corriendo muchas noches de ese verano y alguna que otra mañana, llegó el día y la hice. Cuando terminé la carrera me sentía de maravilla a pesar de haber sido la priemra vez que corría los 10 Km de un tirón. Es difícil explicar mi sentimiento en aquel momento, pero supongo que muchos de vosotros lo entenderéis perfectamente, ese ese "regustejo" que nos deja el saber que hemos sido capaces de superar nuestro particular reto y hacerlo de manera satisfactoria. 

Tras la carrera no sentí ni tirones, ni agujetas, ni siquiera cansancio, era algo increíble, más aun si entendéis que hacía algo así como 20 años que no competía ni entrenaba en ningún tipo de deporte de este tipo. Desde entonces las cosas han ido en una línea recta, no he avanzado mucho en esto de correr, pero tampoco lo he buscado, me siento satisfecho corriendo a mi ritmo, aunque no negaré que me gustaría bajar tiempos, y así sigo desde entonces, más que nada orque tenía que terminar de creérmelo, de saber que soy capaz de correr una carrera y no morir en el intento. Aunque puede que vaya siendo hora de ir intentando mejorar tiempos y, tal vez, distancias.

Tras aquella carrera fueron otras, incluso me atreví con un cross de 6 Km y sigo entrenando, auqnue ahora con el frío sea en cinta y salga poco a la calle. Mi última carrera el pasado día 10 de enero, y mi nuevo reto personal es el de correr, al menos, una carrera al mes, sin incluir los entrenamientos, por supuesto. He sido capaz de correr en una semana un total de 38 kilómetros en 6 días a lo que debe sumarse otras actividades físicas, lo cual me lleva a confirmar esa teoría propia de que querer es, efectivamente, poder. ¡Así que vamos a querer!





Sin duda estos han sido los meses más productvos y creo que puedo decir que correr ayuda y mucho a la hora de construir una personalidad feliz, porque os aseguro que cuanto más corro, mejor me siento, aunque es cierto que cansa, pero solo es un cansancio físico, el espíritu se nutre con cada zancada y las sonrisas duran más desde que me decidí a correr, por lo que creo poder estar en lo cierto si os digo que corro por mi vida.

Y AHORA QUE EMPIEZO A SENTIRME VIVO

Hay veces en mi vida que me doy cuenta de cosas que he hecho que nunca jamás me habría imaginado haciendo en otra época de mi vida. Por ejemplo, jamás me habría imaginado enviándo flores, o cambiando turnos de trabajo para acudir como el rayo a una cita un día determinado. Jamás me hubiera imaginado deambulando como un tonto por mi casa pensando en si "me llama o no me llama"...

La verdad es que muchas de esas cosas que los demás hacen y sienten en su adolescencia, las estoy experimentando yo ahora, en mi camino a la madurez. No es por falta de ocasiones anteriores, pero en aquella época nunca me interesó todo eso, tenía cosas mejores en que pensar o en qué emplear mi tiempo, mi preciado tiempo. O tal vez, puede que solo sea que nadie antes supo despertar en mi esa faceta que ahora resucita con cada llamada suya, con cada noticia que tengo de ella, por pequeña que sea. Creo que la empiezo a querer, tal vez más de lo que debería, pero no puedo evitarlo, ha entrado en mi corazón como un verdadero vendabal y contra esas fuerzas de la naturaleza poco puede hacer el hombre.

YO SOY LIBRE.

Son muchos los días en los que me despierto pensando en lo que será de mi en el futuro. A veces nos creemos que por tener un trabajo "asegurado", una casa hipotecada y una familia y unos amigos que más o menos suelen estar a nuestro lado ya tenemos todo asegurado para el resto de nuestros días. Pero un día de repente te das cuenta de que ese trabajo solo era seguro mientras "ellos" han querido que lo sea, que la hipoteca sube sin parar y tu salario no puede seguirle el ritmo y que la familia necesita su propio espacio y los amigos no lelvan tu sangre y por tanto tampoco van a estar ahí siempre. Un día te das cuenta de que realmente el futuro puede estar escrito, pero si es así, como diría una conocida, lo está con lápiz y por tanto es fácilmente cambiable. ¿Qué puedes hacer ese día? Nada, seguir viviendo sin más.
Para mi ese día llega cada mañana, nunca me he sentido del todo a salvo. En la facultad y el instituto siempre tuve miedo a suspender aunque nunca me agobié por un examen. En mi infancia siempre tuve miedo a los matones del recreo, aunque nunca me llegaron a pegar... demasiado. En las relaciones de pareja siempre he tenido miedo a que me dejen, y siempre o casi siempre ha pasado. Pero en el día a día, en el trasncurrir de la vida, en las perspectivas de futuro el miedo es a algo mucho más fuerte, pero que un monstruo o un matón, peor que un fenómeno atmosférico o que la abstinencia sexual. Tengo miedo a algo que no se qué es y que no sab´re hasta que llegue. Tengo miedo a la incertidumbre, a lo desconocido, a morir sin haber hecho algo que realmente merezca la pena. Y luego, cuando me he desperezado y la sangre empieza a fluir con normalidad en mi cabeza, me doy cuenta de que realmente no importa tanto. Como decía la canción, lo que tenga que ser será. Poco podemos hacer para evitarlo porque el destino nunca ha comprado un lápiz y menos aun una goma de borrar, el destino escribe con una afilada pluma y tinta china, que difícilmente puede borrarse o corregirse.
Mientras tanto, mientras llega ese día en el que probablemente se joda todo, solo me queda disfrutar del día a día, viajar todo lo que pueda, aunque sea al pueblo de aquí al lado, sentir el aire fresco y limpio del campo en mi cara por las mañanas, correr desnudo por las praderas o bañarme a media noche en la playa. Sentir que esa persona a quien tengo a mi lado es única hasta que se vaya y cuando se vaya, pensar que era una más. Ser libre es eso, no dejar que el destino te impida vivir. Yo soy libre.